Si ellos supieran

SI ELLOS SUPIERAN

Es la más guapa del pueblo desde que nació. Ya en neonatos, las abuelas que insisten en que esos bebés arrugados, sucios y llenos de marcas son preciosos, decían que era aún más bonita que los demás.

Fuimos a la misma clase desde la guardería, aunque no me acuerdo de esa época; sí la recuerdo en primaria, con su pelo largo, liso y rubio; y esos ojos verdes, claros y brillantes que su madre decía que había heredado de la bisabuela. Yo nunca había visto ni he vuelto a ver unos ojos así.

Durante las vacaciones anteriores al primer año de instituto le crecieron los pechos y parecía la típica protagonista de película americana para adolescentes; estoy seguro de que todos los de clase la imaginamos con traje de animadora. Se sentaba delante de mí pero yo no era el tipo de chico en el que se fijaban las chicas como ella. Mejor dicho, yo no era el tipo de chico en el que se fijaban las chicas.

Después del instituto fui a estudiar a la capital, pero volvía al pueblo los fines de semana. Un sábado me enteré de que estaba saliendo con Antonio, el hijo del banquero. Lo supe porque les vi juntos por la calle, agarrados de la mano; estaba claro que iban en serio.

Acabé los estudios y abrí un pequeño negocio en la calle principal, entre el supermercado y la mercería. Los veía pasar todos los días, cogidos de la mano o por la cintura, hablando y riendo. Decían que iban a casarse. Me corroían los celos y la envidia, prendían mi rabia y me abrasaban las sienes.

Pero al final fue cierto aquello que decía mi madre, que todo le llega al que sabe esperar; y tras mucho esperar y también desesperar, ella fue mía. Ella es mía, y lo será siempre. Es lo justo, Antonio solo la quería como trofeo, los de su estatus siempre llevan una mujer florero a su lado; pero lo que yo siento es amor de verdad, es pasión, adoración… No puedo describir con palabras cómo se enciende mi corazón cuando, cada noche y cada mañana —y muchas veces durante toda la noche—, la miro tumbada en mi cama, tan en paz, tan perfecta; cuando acaricio su delicada y pálida piel, y le beso con suavidad sus rosados y carnosos labios.

Me da rabia no salir juntos a pasear por el pueblo, pero nadie debe saber que ahora es mía; a un tipo como Antonio, con un padre tan poderoso como el suyo, no se le puede traicionar y salir indemne. Pero ojalá lo supieran, me encantaría ver sus caras al saber que he conseguido a la chica más guapa del pueblo, las de Antonio y de todos los que siempre se han reído de mí; en infantil por estar gordo, en primaria por llevar gafas, en secundaria por no tener más de cuatro pelos en el bigote, y, desde que volví de estudiar y abrí la tienda, por ser taxidermista.

Relato presentado al concurso de Zenda “Historias de amor”.

Anuncios

6 comentarios en “Si ellos supieran

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s