Reto 9 – El libro del Escritor

9. Escribe un relato que integre las palabras ‘luz’ y ‘cuadro’ como elementos relevantes del argumento.

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UNA TARDE EN EL MUSEO

Miriam prefería comer un plato de coliflor antes que ver aquél museo, pero a sus nueve años no tenía elección. Caminaba unos metros detrás de sus padres con los brazos colgando a los costados, la cabeza agachada y los labios apretados. Cruzaba salas llenas de cuadros parándose cuando lo hacían sus progenitores, sin fijarse en ninguna de las obras de arte sutilmente iluminadas por lámparas individuales que adornaban las paredes.

Pero de repente, percibió que uno de los cuadros tenía una luz diferente, más blanca, que aumentaba y disminuía de intensidad.

Miró a sus padres, que continuaban la visita sin hacerle caso; y a su alrededor, no había nadie. Se acercó a la pintura; aparecían cuatro niñas con unos vestidos que parecían muy incómodos para jugar, otra con pantalones —¿sería un niño con pelo largo?—, un perro grande y un señor pintando un cuadro enorme. Detrás se veía una puerta y más personas.

Con la mirada fija en el cuadro y sin parpadear fue acercándose más y más, hasta que estuvo tan cerca que no podía enfocarlo. Entonces, siguiendo un impulso, cerró los ojos, extendió los brazos y dio un salto. Y así sin más se encontró dentro del cuadro, con aquellas niñas de extraños vestidos que la recibieron con alegría, invitándola a jugar con ellas.

Después de un buen rato de correr, saltar y cantar entre risas y los envites del perro, al que ponían nervioso con tanto jaleo, Miriam pensó que debía volver junto a sus padres. Se despidió, cerró los ojos y saltó en sentido inverso al que le había llevado hasta allí, esperando que eso fuera suficiente para salir. En efecto, se encontraba otra vez en la sala. Miró el cuadro, la luz que lo alumbraba era igual que las demás, aunque creyó ver al pintor sonriéndole.

Echó a correr en busca de sus padres, pero antes de encontrarlos, volvió a ver una luz aumentando y disminuyendo de intensidad. El cuadro al que iluminaba era una escena de un día de playa: tres niños jugaban en la orilla con unos veleros de juguete, acompañados por un pequeño perro blanco. A Miriam le encantaba ir a la playa así que no se lo pensó dos veces, saltó dentro del cuadro y se unió a los juegos. Un buen rato después, cansada y empapada, saltó de nuevo hacia el museo; se sorprendió muy gratamente al comprobar que allí su ropa estaba seca.

—¡Mamá! ¡Papá! —gritó mientras corría desorientada de sala en sala.

—Miriam, ¿qué pasa? No grites —le dijo su madre al verla aparecer.

Se alegró de encontrarles pero en la sala anterior acababa de ver otra luz parpadeando.

—Nada, que me lo estoy pasando muy bien, voy a echar un vistazo por ahí y ahora vengo —sus padres se miraron con asombro.

—Vale cariño, hasta ahora.

Dio media vuelta y se dirigió a la última luz, alumbraba un cuadro en el que había una habitación muy rara y ningún niño, pero aún así entró. Allí no había mucho que hacer así que se tumbó en la cama, aburrida y cansada.

Se incorporó de súbito, ¡se había dormido! Nerviosa y preocupada salió del cuadro. Había mucha claridad, las luces del techo estaban encendidas y ya no se apreciaban las que iluminaban cada cuadro.

Oyó voces desconocidas que gritaban su nombre; asustada, chilló ella también:

—¡Mamá! ¡Papá!

—¡Está aquí! —un desconocido con traje llegó corriendo hasta ella y le preguntó si se encontraba bien. Llorando movió la cabeza de arriba abajo. Apareció su madre y se echó a sus brazos. Sintió que la abrazaban por detrás y escuchó la voz de su padre preguntando dónde se había metido. Escondió la cabeza contra el pecho de su madre, pensando en cómo explicar lo que había vivido, pero solo se atrevió a decir:

—Me he perdido —Miriam no podía contener las lágrimas.

—Tranquila cariño, vámonos a casa. Y no te volveremos a obligar a venir al museo.

Antes de salir miró hacia atrás, una luz destacaba más que la del techo. Desde el cuadro al que iluminaba, una mujer con el pelo lacio y castaño y sin cejas le guiñó un ojo.

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14 comentarios en “Reto 9 – El libro del Escritor

  1. carlosmiguelezblog dijo:

    Que bonito relato Luna ¿cómo cambian las cosas cuándo uno deja volar su imaginación verdad? y más si es la imaginación de un niño. Una bonita aventura, que deduzco transcurre en el Museo del Prado, la niña se mete en “Las Meninas” de Velazquez, en uno de “Niños en Playa” de Sorolla y la señora que le guiña el ojo al final es la Mona Lisa “del prado”, ¡pero no logro descifrar cual es el cuadro de la habitación!, dime cual es o si me equivoqué en uno de los anteriores. Enhorabuena por el relato y un fuerte abrazo.

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  2. carlos montalleri dijo:

    Excelente relato sobre el poder de la fantasía infantil. El entorno del museo me parece muy apropiado y tu relato me recuerda aquella película de Woody Allen “La rosa púrpura del Cairo” en la que los protagonistas entran literalmente en la película, como la pequeña Miriam entra en los cuadros iluminados por la luz de su imaginación. La pena es que de adulto nos cuesta mantener esa misma fantasía…¿o tal vez no? Un abrazo

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  3. Stiby dijo:

    Me encantan estos relatos que rescatan la inocencia y la imaginación de los niños. Me encanta tanto leerlos como escribirlos y tengo que decir que de momento es mi relato favorito de los que he leído en tu blog.

    Me encanta el doble juego de pensar que podía ser real que la niña entrase en los cuadros, o sólo su imaginación, y que dejes esto a la imaginación del lector le da un cierre perfecto.

    Enhorabuena, ha sido muy guay 🙂 Va directo a mis favoritos.

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