EL MENTIROSO

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EL MENTIROSO

Ocurrió un día de mediados de abril; buscaba una tienda de disfraces en un barrio de la periferia. Me habían dicho que allí vendían los complementos más originales de toda la ciudad, y  necesitaba un antifaz muy especial para la fiesta de ese sábado de mi amiga María. Cada año organizaba una variando el complemento; pelucas, sombreros, gafas… Este tocaban máscaras y yo quería deslumbrar.

Andaba desorientada por calles desconocidas, intentando orientarme con el GPS del móvil, cuando oí un estruendo y en cuestión de minutos el cielo se tornó gris amenazante. Con razón ya que no pasó mucho tiempo antes de que comenzaran a caer piedras de hielo de tamaño considerable.

Vi un cartel de Coca Cola en la acera de enfrente y a su lado leí: “Bar El Mentiroso”. Crucé corriendo y entré.

—Hola. Un café con leche por favor.

—Y sin favor señorita. Vaya granizada ¿eh?

Cuando me sirvió fui a pagar pero no tenía dinero en la cartera y era obvio que no podía pagar un café con tarjeta. Comenzando a sudar y con las mejillas cada vez más sonrojadas, rebusqué en los bolsillos del abrigo con la esperanza de encontrar algo suelto, pero solo saqué un paquete de pañuelos, una goma de pelo, una entrada de cine del fin de semana anterior y un papel con la lista de la compra.

—Yo… lo siento… —empecé a decir cuando habló un hombre sentado en la barra, en el que no había reparado antes:

—Cóbrame lo mío y lo de ella, Paco. —Me miró y sonrió. Y qué sonrisa. Se la devolví sintiendo como me ponía aún más colorada y balbuceé un “gracias”.

Cómo no me había fijado antes en él; parecía alto, era moreno y tenía unos ojazos azules hipnotizantes. Leía una revista de National Geographic, a la que llevo años suscrita; mira por dónde había encontrado un chico guapo e interesante.

Intentaba reunir el valor para sentarme a su lado y decirle que tal vez otro día podría invitarle yo a él, quizás incluso comentarle lo de la fiesta por si le apeteciera venir; cuando reparé en dos libros que reposaban en la barra a su lado: una Biblia y un diccionario de latín.

Me fijé con más detalle en él, y colocada en la parte de arriba de su camisa vi una tira blanca que reconocí enseguida: un alzacuello. Eso echaba por tierra mi búsqueda de una cita romántica.

—¿No eres de este barrio, no? —Sus palabras me sacaron de mi ensimismamiento.

—No —contesté—. Vivo en el centro, estaba buscando una tienda de disfraces. —Me senté a su lado, no conseguiría una cita pero sí buena compañía y conversación mientras pasaba la tormenta.

Texto presentado al taller de Literautas de marzo.

Requisito: Que se titule “El mentiroso”.

Reto opcional: Que aparezca un antifaz, una entrada de cine y un diccionario de latín.

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19 comentarios en “EL MENTIROSO

    • lunapaniagua dijo:

      Eso me dijo alguien en los comentarios del taller. También que hay religiones en las que llevan alzacuello pero no tienen que cumplir celibato. Igual hago segunda parte…
      Me ha gustado mucho tu blog, los textos que he leído son muy emotivos y transmiten mucha ternura.

      Le gusta a 1 persona

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