Trato hecho

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TRATO HECHO

Nada, no le queda nada, ni una pipa. Y todos sus amigos aún tienen golosinas. Siempre igual, se lo come todo tan rápido que acaba el primero y luego pasa envidia. Rebusca en los bolsillos, aunque sabe que se ha gastado el euro que su madre le ha dado antes de salir de casa. Quién sabe, igual se lleva una sorpresa y encuentra alguna moneda perdida de otro día. No, no hay suerte.

Está de pie junto con los demás en una esquina de la plaza. Barre las terrazas de los bares con la mirada y localiza a sus padres en una de ellas. No se acerca a pedirles más dinero porque sabe que no se lo darán, ya lo ha intentado más de una vez. Se fija y ve en su mesa un plato de aceitunas, otro de torreznos y dos bebidas. No es justo, todo eso cuesta mucho más que un euro, ¿por qué ellos pueden gastar lo que quieran y él no?

Repara en que en la mesa de al lado, un hombre que había estado tomando algo en una taza —Markel supone que café— deja unas monedas en la mesa, se levanta y se va. Mira con atención y se da cuenta de que muchas personas hacen eso. Una pareja se levanta; ponen el dinero en la mesa y se alejan. Markel no se lo piensa dos veces, y a la mayor velocidad que le permiten sus piernas, se acerca, lo coge y sale corriendo.

Se detiene al llegar a la tienda de chuches, sudoroso y respirando ruidosamente, y solo en ese momento se da cuenta del botín que ha logrado: cuatro euros, ¡es rico! Gasta hasta el último céntimo y se dirige a la plaza para volver con sus amigos. Sin embargo, antes de llegar da media vuelta. ¿Y si alguien le ha visto robar el dinero? No puede aparecer por ahí; no le detendría la policía pero se lo dirían a sus padres, lo que a sus diez años le da más miedo que la cárcel.

Se sienta en un banco de camino a su casa, a dar cuenta de la bolsa de gominolas. No sabe por qué no le saben muy bien y, cuando aún le quedan tres regalices y un chupa-chups, comienza a sentir dolor de estómago. Aún así lo acaba todo y tira la bolsa en una papelera.

Vuelve a sentarse, doblado sobre sí mismo para intentar mitigar el dolor. No sabe qué hacer, no se atreve a volver a la plaza, y sus amigos están allí. También sus padres, por lo que no puede ir a pedirles las llaves para irse a casa. Su abuela vive en el piso de arriba, pero se ha ido a Benidorm con las amigas del tute. Decide quedarse en ese banco hasta que pasen sus padres.

Solo transcurren treinta minutos pero le parece que han sido horas cuando, al fin, les ve aparecer. Echa a correr y al llegar a su altura les abraza, lo que provoca en ellos una sonrisa y una mirada cómplice. Van hasta casa los tres agarrados de la mano y en cuanto entran, Markel se tumba en el sofá. No pasan ni diez minutos cuando sale corriendo al baño y vomita. Su madre le prepara una manzanilla y se la toma a sorbitos, sentado en su regazo. Se siente fatal, le duelen la tripa y la culpa. No tenía que haber robado ese dinero, ahora le da miedo volver a la plaza y encima las chuches le han sentado mal. Se acuesta sin cenar y le cuesta mucho conseguir dormirse.

Después de arroparle y apagarle la luz, los padres de Markel se sientan a cenar en la cocina.

—Qué, ¿cuándo le decimos que hemos pagado en el bar lo que ha robado, y que está castigado sin paga tres semanas?

—¿Mañana a la mañana, si no lo confiesa él mismo? Pero me da pena, ¿y si solo le regañamos y le advertimos sobre si lo vuelve a hacer? El pobre ya lo está pagando…

—Cierto, pero creo que algún castigo hay que ponerle, aunque sea simbólico. ¿Setenta y cinco céntimos las próximas seis semanas?

—Noventa céntimos y cinco semanas.

—Ochenta, y cinco.

—Ochenta y cinco, y cuatro.

—Ochenta y cinco, y cinco.

—Hecho.

Reto 23 para Literup – Comienza un relato con: “Nada, no le queda nada”.

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20 comentarios en “Trato hecho

  1. carlos montalleri dijo:

    La voz de la conciencia existe, sin duda. Eso demuestra que es un buen chaval, pero merece un castigo, no muy duro pero al menos que le haga pensar. Lo que hoy es una anécdota, mañana puede ser peor. Me ha parecido muy graciosa la negociación sobre el castigo.
    Me ha gustado mucho. Un abrazo Luna.

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