No hay crédulos ricos

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NO HAY CRÉDULOS RICOS

Soy un tacaño. No tengo problema en reconocerlo. Tampoco entiendo por qué tiene que ser una cualidad negativa. Vale que nunca les doy paga a los sobrinos y no perdono ni un céntimo en las vueltas; pero tampoco le quito nada a nadie.

Supongo que no tenía elección. Mis padres son más agarrados que un koala. Con deciros

que el día de mi comunión me pusieron las katiuskas, un chubasquero que venía de regalo con las barritas del Capitán Pescanova y el gorro de pescar de mi padre, ya os hacéis una idea. Que eso también era un traje de marinerito, decían.

Fue mi tacañería lo que me llevó a esa peluquería. «Peluquería de prácticas. Precios muy bajos», decía el anuncio del periódico. Eran jóvenes que acababan de salir de la academia y necesitaban coger experiencia. Pues allí que fui.

Esperaba en un paso de peatones, el local estaba enfrente, cuando me fijé en que una chica apoyada en la puerta me miraba. Supe que era a mí porque no había nadie más alrededor. Vestía de negro y llevaba un delantal, deduje que era una de las peluqueras. Me pareció ver una sonrisa. Me puse recto, saqué pecho y metí tripa. El semáforo cambió a verde y crucé; con los brazos algo separados del cuerpo, pasos lentos y una media sonrisa.

La chica no me quitaba el ojo de encima. Dicen que el que tuvo retuvo y por lo visto yo, a mis casi cincuenta, aún retenía gran parte del sex-appeal de mi juventud. Cada vez la veía mejor. No parecía tener mucho más de veinte años, guapa y con buen cuerpo. ¿Se podría interesar por mí? ¿Y por qué no? Mira el Mejide ese. Le propondría quedar a tomar algo. Mejor primero le preguntaría si tenía novio. Empecé a sentirme nervioso, ¿cómo ligarían los jóvenes? Su dulce y un poco infantil voz me sacó de mis pensamientos:

—¡Hola! Mi padre tiene una camiseta igual que la tuya. Creía que eras él, como no veo muy bien de lejos. Qué gracia.

Sí. Qué gracia. Ja, ja. Mi cuerpo cambió de modo dandy a modo normal: brazos pegados al cuerpo, hombros abajo, tripa fuera. Saludé con un «buenas tardes» y un intento de sonrisa y entré.

Un chico, vestido como la de la entrada, me indicó que me sentara, que enseguida me atenderían. Al rato se me acercó otra peluquera. Llevaba el pelo con mechas rojas y moradas, rapado por un lado y por el otro hasta el hombro; el flequillo parecía que se lo había cortado un niño de tres años, con unas tijeras sin filo. Aguanté las ganas de preguntarle si eso se lo habían hecho adrede.

—¿Qué tal? ¿Qué quieres que te haga? —me preguntó con voz cantarina.

—Pues… no sé. ¿Qué me aconsejas? —dije, no muy seguro de si su recomendación me convencería.

—Un tinte para tapar las canas, cortar muy poco y peinar más o menos así para tapar las entradas.

¿Pero qué decía esa niñata? ¿Canas? ¿Entradas? Iba a contestarle que con cortar ya valía, cuando el cliente sentado a mi izquierda gritó como si le hubieran cortado una oreja. Le miré y ¡oh dios mío! Le habían cortado una oreja. La chica de la entrada permanecía quieta con unas tijeras en la mano, repitiendo «lo siento, creí que estaba duro porque era una rasta» una y otra vez. Por lo visto también veía mal de cerca. Bajé la vista y vi un trozo de cartílago en el suelo. El hombre se tapaba su oreja mutilada mientras profería gritos y todo tipo de insultos hacia la peluquera. Esta se había quedado callada, claramente asustada por la agresividad del cliente, quien le sacaba dos cabezas. De repente gritó: «¡Ya he dicho que lo siento!». Y le hundió las tijeras en el pecho. Las sacó y, sin bajarlas, clavó sus ojos en los míos y dijo: «¿Y tú que miras?». Sin contestar salí corriendo de aquel lugar. Menos mal que no le había pedido una cita. Cuando llegué a casa llamé al 112, desde el fijo porque tengo tarifa plana. Que dicen que es gratis, pero no hay crédulos ricos.

Reto 25 para Literup – Utiliza toda tu creatividad para describir de forma cómica un relato de una visita a la peluquería con final dramático.

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28 comentarios en “No hay crédulos ricos

  1. carlos dijo:

    Jajaja, fantástico Luna. Es un tipo con suerte, al final salió entero y con el monedero en el bolsillo. Aunque con el ego un poco maltrecho. Mañana me toca peluquera, pero desde que dí de baja el sguro de vida, perdí el miedo. Un beso.

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  2. Maria del Mar ponce dijo:

    Jolines, te pido disculpas pero he llorado de risa, tiene ese humor macabro que aunque no es que tenga gracia, pero te tienes que reír. Me encantó. Uy que poco veía la chica y qué burra, por favor, qué peligro. Hizo muy bien en salir corriendo de la peluquería. Besos a tu alma y mi admiración.

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  3. reflexionesdenatali dijo:

    Hola Luna,

    Me ha gustado mucho!, pero madre mía cómo se ha puesto la situación!!!, bastante peliaguda diría! 🙂 . El giro inesperado en la narración ha sido fantástico, y yo que pensaba que lo más interesante iba a ser que el pobre protagonista ve echado por suelo su ego ….

    Un abrazo!

    Le gusta a 1 persona

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