De siesta en siesta

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DE SIESTA EN SIESTA

La verdad es que soy un gato afortunado. No me puedo quejar de nada, pese a que mis compañeros de piso —por llamarlos de alguna manera—, son un poco raros. Y sucios, ¿puedes creerte que no se saben limpiar? Yo alucino. Para lavarse se mojan con agua. ¡Agua! Todos sabemos que es solo para beber. Pero son incapaces de pasarse la lengua por todo el cuerpo. Solo a veces, después de comer algo, se chupan los dedos, aunque más tarde los vuelven a poner bajo el grifo. No tiene sentido.

Las crías de humano son otra cosa. A ellos no les gusta eso de ducharse o lavarse las manos. En ese aspecto parece que están más avanzados que los adultos; sin embargo tampoco se pasan la lengua así que… no sé yo.

Otra cosa que me desconcierta es la cantidad de tiempo que malgastan en tonterías. Por ejemplo, la comida la ponen en diferentes platos que luego tienen que fregar y recoger varias veces al día. A mí me la echan siempre en el mismo y no pasa nada.

O la ropa. A la mañana visten una, se la cambian al llegar a casa, se ponen otra para dormir y al día siguiente vuelta a empezar. Y tienen que lavarla, secarla y plancharla. No me diréis que no es una pérdida de tiempo. ¡Qué mayor placer / que vestir solo tu piel / y pasar el invierno / arropado por tu pelo / más caliente que en el infierno! Sí, soy un gato poeta, no puedo negarlo (ya sé que tengo que trabajar la métrica).

Lo mejor de todo, lo más asombroso y gracioso, es que dicen que son mis dueños. ¡Ja, ja! Me parto. Salgo y entro por la terraza que siempre dejan abierta para mí; duermo en el lugar de la casa que prefiera en cada momento; afilo mis uñas en cualquier objeto que me apetezca, aunque lo rompa; si quiero caricias me acerco a ellos y me las dan, cuando me canso les «aviso» y me dejan en paz; limpian la tierra donde hago mis necesidades; me dan de comer y de beber, si se acaba y quiero más les maúllo y enseguida me rellenan los platos… Y dicen que yo soy de su propiedad, qué bueno.

Pero oye, mientras sigan sirviéndome que digan lo que quieran. Os dejo y me voy a echar una siesta, que no he dormido desde hace por lo menos una hora.

Reto 34 para Literup – Escribe un relato de un animal como protagonista que actúa de narrador contando las costumbres raras que tienen los humanos.

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33 comentarios en “De siesta en siesta

  1. Máximo Disaster dijo:

    ¡Impresionante! He estado un buen rato riéndome. En realidad, siempre he creído que eso es lo que los gatos piensan de nosotros: ¡sólo hay que ver como nos miran! Tengo perros y gatos y la diferencia entre ambos es impresionante: el perro te mira con adoración y el gato con exquisito sentido crítico…. el primero suspira porque lo acaricies, el segundo te permite que lo hagas. Muy bueno.

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  2. carlos montalleri dijo:

    No creo haber sido gato en ninguna de mis otras vidas, pero estoy seguro que piensan exactamente como tu lo has plasmado y no les falta razón. Siempre he pensado que los gatos nos miran desde abajo, pero por encima del hombro, no se como lo hacen pero así me siento con ellos. Excelente Luna. Un abrazo.

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