Que no me encuentren

time-1485384__340

QUE NO ME ENCUENTREN

Sacó la maleta de debajo de la cama. Metió algo de ropa, el neceser de viaje, la carpeta donde guardaba el pasaporte y toda la documentación importante, y varias cosas sin utilidad práctica pero que nunca dejaría atrás: la orla de la universidad, un álbum de fotos de su niñez,  una caja con monedas extranjeras y una figura de la Virgen de Guadalupe que le regaló su abuela.

Extrajo un sobre del bolsillo trasero del pantalón y lo dejó sobre la almohada. Lo volvió a coger y arrastrando la maleta fue hasta la cocina. Sacó la nota escrita por él y la leyó: «Hola Mónica, siento que te enteres de esta forma pero he conocido a otra persona y me voy con ella. Es definitivo. Quédate con todo pero no intentes buscarme. Gabriel». Deseaba escribirle que eso era lo más difícil que había hecho nunca, que la quería con locura y que nunca la olvidaría. Pero no podía. Porque ella tenía que pensar que su marido era una mala persona que no dudaba en hacerle daño, así le odiaría y le resultaría más fácil superarlo. Dejó la carta en la mesa y salió a la calle, con la sensación de haber ganado diez años en los últimos veinte minutos.

Caminó hasta la estación de autobuses concentrado en el traqueteo de las ruedas de la maleta, intentaba que el ruido no le permitiera pensar. Pasó por delante de la casa de apuestas y se detuvo unos segundos. Maldijo la primera vez que entró en ese lugar y continuó.

Subió al autobús que le llevaría a su destino sabiéndose observado. No se inmutó, era lo que esperaba. Bajó tres horas después en una pequeña ciudad, tomó un taxi hasta un ruinoso aparthotel, sacó una llave del bolsillo y se instaló en el apartamento de la planta baja que había reservado la semana anterior. Al dar las doce se despidió del lunes, convencido de que pasaría la noche dando vueltas por la pequeña estancia de una sola habitación con cama, mesilla, televisión y escasa cocina. El baño estaba equipado con lo justo y apestaba. Tuvo que cerrar la puerta porque sentía náuseas cuando pasaba por delante.

A la mañana siguiente fue andando hasta un supermercado cercano. De camino tiró la maleta a un contenedor. Compró algunos víveres y varios paquetes de tabaco; lo había dejado años atrás pero le pareció un buen momento para retomar esa nociva costumbre. Y con suerte disimularía el olor del baño.

Volvió al apartamento y vio pasar la semana abatido, desanimado y rendido. Apenas dormía; malcomía y no se aseaba. Pensaba en Mónica, en lo que podría estar haciendo. Rogaba que se hubiera enfadado lo suficiente como para decidir borrarle de su mente y de su vida lo más rápido posible. Tal vez había tirado su ropa a la basura. No, conociéndola, seguro que la donaría. Le atormentaba pensar que estaría sufriendo, pero a la vez le sosegaba recordarla.

La noche del sábado al domingo la pasó en vela. A media mañana se sentó en la cama, frente a la puerta, y permaneció quieto incluso cuando oyó unos golpes en la puerta. Esperó hasta que volvieron a sonar, más fuertes. Quiso gritar que estaba abierto pero su voz perdió intensidad al pasar por el nudo que tenía en la garganta y apenas se le oyó.

Aún así, entraron dos hombres fornidos que le recordaron a porteros de discoteca, y tras ellos alguien a quien ya conocía, aunque no su  nombre. Iba tan ridículo como la primera vez que le vio: traje granate, camisa amarilla y corbata verde. Tenía hecha la raya sobre la oreja derecha y el pelo le llegaba hasta el otro lado, en un vano intento de disimular su calvicie. Pensó que se parecía a Torrente. No le hizo gracia.

—Hola, Gabi. Te veo bastante desmejorado. ¿Tienes mi dinero? —dijo el recién llegado con voz rasgada.

Gabriel giró la cabeza de lado a lado. Había que fijarse mucho para notar el leve temblor de sus labios.

—Bueno —habló de nuevo. Sacó una pistola que hasta entonces tapaba con la chaqueta—. Entonces ya sabes lo que toca.

Le apoyó el cañón en la frente. Gabriel cerró los ojos y el temblor se le extendió por todo el cuerpo. No vio pasar su vida, solo apareció en su mente la cara de su mujer. Incluso en ese momento le preocupaba lo que pudiera estar padeciendo por su culpa. Por eso cuando escuchó la siguiente pregunta: «¿Alguna última voluntad?», no lo dudó:

—Que no encuentren mi cadáver.

Reto 41 para Literup – Escribe una historia con lo que haría un personaje que sabe que le queda una semana de vida.

23 comentarios en “Que no me encuentren

  1. carlos montalleri dijo:

    Es bastante duro. Por un lado puedo entenderle pero me pregunto ¿por qué no pedir ayuda a Mónica? imagino que no la quería salpicar aunque sabía que se dirigía a una muerte segura. Está claro que la quería. En fin, me has dejado con un raro sabor pero a la vez con la intensidad de un relato perfectamente trazado. Un abrazo Luna.

    Le gusta a 1 persona

  2. inspectordisaster dijo:

    Me gusta mucho, Luna: y como ocurre con muchos de tus relatos, me lleva a recordar una historia muy cercana en la que el protagonista también se vio abocado a elegir entre lo malo y lo peor. E imagino que lo más terrible para cualquiera, en ese situación, es esa duda que carcome, a pesar de haber decidido: ¿habré acertado? ¿Será esto lo que menos dolor cause a la persona o personas que quiero?

    Le gusta a 2 personas

    • lunapaniagua dijo:

      No me puedo imaginar qué historia será esa, pero ninguna agradable, eso seguro, espero que acertara…
      Duele más que alguien a quien quieres sufra, que todo el daño que te puedan hacer a ti mismo, eso es así.
      Me alegra que te guste, ¡muchas gracias!

      Me gusta

  3. carlos dijo:

    Esta si que ha sido una apuesta fuerte, literaria, me ha gustado mucho la descripción y como a medida que aportas información cambias la situación. La frase final es de total entrega y bien medida en palabras. ya te imagino desarrollando una historia completa basada en el fragmento. Un besazo.

    Le gusta a 2 personas

    • lunapaniagua dijo:

      A mí tu comentario me deja dividida, por un lado con el ego un escalón más arriba porque te ha gustado y porque si te afecta es que lo he hecho bien; por otro me siento mal por dejarte así. Que en el fondo soy buena persona, aunque con mis personajes no lo demuestre muy a menudo…
      Muchas gracias 🙂 Un abrazote.

      Me gusta

  4. @lidiacastro79 dijo:

    Qué fuerte! Qué fuerte! Y que terrible situación la de los dos, el uno por proteger a quien quiere, la otra, porque seguro muere de pena por el abandono… buff se me ha erizado el vello.
    Un besazo, Luna!!

    Le gusta a 2 personas

    • lunapaniagua dijo:

      Venga, no te odio. Además has tenido tacto, porque en vez de comentar en el otro que te parece una patata de poema, lo dejas caer en este mientras halagas el relato. Sincero y preocupado por mis sentimientos, ¿qué más puedo pedir? 😉
      Gracias y un abrazote 🙂

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s