La princesa Catalina

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LA PRINCESA CATALINA

María Catalina Isabel Victoria Alexia era la joven princesa de un pequeño reino. Traía de cabeza a su padre, el rey, ya que no ponía ningún interés en su formación como futura reina. Le gustaban las clases de Matemáticas, Literatura, Música y Ciencias sociales; pero cuando tocaban las de Comportamiento de Princesa o Reinado siempre conseguía escaparse. Solía ir a las caballerizas o a cualquier pasto en el que hubiera ovejas. Ayudaba al veterinario y a los pastores, escuchaba sus batallitas y aprendía cómo cuidar y tratar a los animales; ellos eran su verdadera pasión.

Una mañana apareció en palacio despeinada y cubierta de sangre y otros fluidos. Se había escabullido de madrugada y había colaborado en el parto de un potro. Tenía las mejillas encendidas y una enorme sonrisa; había sido la mejor experiencia de su vida. Se limpió, cambió de ropa y bajó a desayunar. Su padre ya se encontraba sentado en la mesa. El sitio de su madre, fallecida al alumbrar a su única hija, permanecía vacío.

—María Catalina Isabel Victoria Alexia, tengo que hablar contigo —dijo el rey.

La princesa lo miró con la respiración contenida, el que la llamara por su nombre completo no presagiaba nada bueno.

—¿Sí, papá? —contestó, despacio.

—Creo que ya es hora de que dejes de jugar con animalitos y de mezclarte con el pueblo, y te centres en tus estudios para ser una buena reina.

—¡Pero a mí lo que me gusta es curar a los animales!

—Una futura reina permanece en palacio y estudia. Y sobre todo, guarda la compostura y se comporta con corrección. De otra manera no te respetarán ni habrá príncipe que quiera casarse contigo.

—Me da igual, yo no quiero casarme, ni ser reina. Yo quiero ser veterinaria.

—Pero ¡qué dices! —El rey tiró la silla al suelo al ponerse en pie—. ¡Cómo no vas a ser reina!

La princesa agachó un instante la cabeza ante la furia de su padre, pero enseguida la levantó y habló, impulsada por su fuerte caráter:

—¡No quiero! Además, ¿para qué sirve? ¿Para decirle a los vecinos lo que tienen que hacer? ¡Que lo decidan ellos solos!

La piel del monarca cambió del rojo enfado al blanco asombro. Cogió aire y habló, pronunciando con falsa calma cada palabra:

—No funciona así.

—¡Pues debería! Que hablen entre ellos y decidan las cosas que les atañen.

—¡Se te olvida que vivimos de su dinero!

—Bah —dijo la pequeña—, no necesitamos más su dinero. Tú tienes una sala llena de oro y yo ganaré el mío curando animales.

El rey se quedó callado mirando a su hija, o más bien a través de ella. Al principio le pareció una locura lo que planteaba, una niñería sin sentido, sin embargo tal vez no lo fuera. Tenía monedas suficientes para vivir los dos sin problemas, y si el pueblo se encargaba de sus asuntos, él ya no tendría que preocuparse. Y qué demonios, si la niña deseaba ser veterinaria y no casarse con algún príncipe estirado, pues adelante. Además, lo que él de verdad quería era ser surfista, pero no fue capaz de enfrentarse a su padre. «¿Habrá un neopreno en el que me quepa esta tripa?», pensó mientras se imaginaba haciendo equilibrio sobre una tabla y sintiendo el aire salado en la cara; la melena ondeando como las olas, sin esa pesada corona.

Al día siguiente redactó un bando: desde ese momento en adelante, para cualquier decisión todos y cada uno de los vecinos daría su opinión y se acataría la opción que más veces se eligiera. También habló con el veterinario y quedaron en que cada día, después de las clases, Catalina lo acompañaría para aprender el oficio. 

Y fueron felices y comieron maíces, porque la princesa se hizo vegetariana.

Reto 47 para Literup – Escribe un cuento de princesas, pero dale un vuelco radical a algunos de sus tópicos.

42 comentarios en “La princesa Catalina

  1. palmeiralibre dijo:

    Tu cuento, además de bonito, creo que tiene intención. O mensaje, si lo prefieres.
    He tenido que releerlo para enterarme de la alteración del final tradicional: me encanta lo de «narices» por «perdices». Continúa deleitándonos de vez en cuando con algún cuento. Un abrazo..

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    • lunapaniagua dijo:

      Sí que tiene, sí, intención está bien 😉
      Me gusta intentar escribir cuentos para adultos, como esos dibujos animados que te ríes un montón y piensas: «serán dibujos pero esto no es para niños». Creo que es bonito porque nos hace recordar, o dejar salir, esa parte infantil que todos aún conservamos. Así que espero que leas más y te gusten 🙂
      Un abrazo.

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  2. whatgoesaround dijo:

    Jo, qué bueno, me ha encantado. Ayer estaba hecho polvo y dejé para hoy a la princesa. Perdón, a María Catalina Isabel Victoria Alexia. Me ha encantado, de hecho muchísimas de las frases me han hecho sonreír y reír, son auténticas joyas…
    Comportamiento de Princesa o Reinado…jajaja y requetejua, te lo juro que me troncho.
    Del rojo enfado al blanco asombro.
    No funciona así. Otra vez jajaja, en una aparentemente frase tan nimia y sencilla cúanta reflexión se encierra sobre la naturaleza del ser humano, de la sociedad, del poder, del sistema, de la política, del aborregamiento y sometimiento…en fin, no sé si seré yo que veo cosas donde no las hay o saco petróleo.
    O será mi fortísimo posicionamiento antimonárquico. Por eso lo mismo con lo de que no necesitan el dinero del pueblo, pero que en el fondo viven de él. O lo de que decidan ellos y tomen sus decisiones.
    Y nos dejen vivir. Me ha encantado porque no se impone la fría y triste lógica del sistema y de lo que se supone que hay que hacer socialmente. Se impone lo romántico, lo idealista, lo poético y lo vital de verdad.
    El rey surfista. No hay like, pero eres muy grande.

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  3. inspectordisaster dijo:

    Ay, Luna: ¡pero que rebuena eres!! No he podido leer tu cuento hasta ahora y, en cuanto he tenido un momentito, me he lanzado de cabeza, porque sabía que no me defraudaría: no solo cuentas unas historias divertidísimas sino que bordas los diálogos. Todavía tengo la risilla floja. Un beso, guapa.

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