Vértigo

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VÉRTIGO

A la menor oportunidad se escapaba por el balcón y subía al tejado. No fueron pocas las veces que lo encontré ahí sentado, sin atreverse a dar un paso. Me llamaba con voz quejosa y yo ponía la escalera, me acercaba hasta él y lo bajaba en brazos. Temblaba de miedo; sin embargo, después de un tiempo lo volvía a hacer.

Un día reunió el valor necesario para saltar. Es una casa de tres pisos; por suerte, los gatos siempre caen de pie.

Reto: 5 líneas de Adella Brac.   Julio: balcón, menor y sentado.

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33 comentarios en “Vértigo

  1. lascronicasdelotromundo dijo:

    Sí que hacen eso los mininos, sí… Lo extraño es que no les piten los oídos cada vez que hay que subir a recogerlos.
    “¿Si no vas a saber bajar para qué te subes?
    ¡Salta, que no te vas a hacer nada!
    No me hagas ir a por la escalera, hombre…
    Nada, pues ya la he traído. ¿Contento ya?
    ¡Que no arañes, que te estoy bajando!
    Ya está, ya está, ya ha pasado, ya, tranquiiiilooo…
    Pero tío, que te acabo de salvar, ¡quédate un poco que te sobe!
    Pues nada, chico, hasta que tengas hambre… Nos vemos”.

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  2. whatgoesaround dijo:

    A la menor oportunidad hacía bolas de papel y las lanzaba a la vieja papelera. No fueron pocas las veces que acertó el tiro, pero no era baloncesto del fácil desde lo alto del balcón. Temblaba ante la posibilidad de no hacer canasta. Pero un día lo descubrí ahí sentado y vi el verdadero motivo de su vértigo y su miedo: enfrentarse a las palabras, al cuaderno y el lápiz. Entendí que cada bola era un borrador fallido, un sueño arrugado. Y aun así lo volvía a intentar. Hasta que un día consiguió terminar el relato. Por suerte, los escritores suelen obtener la recompensa a su constancia…

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  3. palmeiralibre dijo:

    Cuando vivía mi abuela teníamos gato. Y ratones. Se ve que el minino estaba bien alimentado porque no recuerdo haberlo visto ejercitar el arte de la caza. Le gustaba jugar con cualquier cosa que se moviese. Pero con ratones… A lo mejor era un gato miedica.
    Es cierto que los gatos son más resueltos a la hora de ascender que a la de aterrizar.
    Debo de ser muy tontorrona: no he descubierto el final hasta haberlo leído.
    Poco y bueno. Como afirma mi amiga Marité: “El buen perfume, en frasco pequeño”.
    Un fuerte abrazo. Mejor a la salida del agua para que resulte más frequito.

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    • lunapaniagua dijo:

      Mis gatas se vuelven locas cuando entra una polilla en casa. Y si se acerca algún pájaro, lo miran fijamente y hacen un ruido diferente. Me da que de no estar el cristal por medio… pues eso.
      Me alegra haberte sorprendido, ¡muchas gracias!
      Besazos

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