Un sombrero nuevo para una nueva vida

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UN SOMBRERO NUEVO PARA UNA NUEVA VIDA

La tienda era más grande de lo que Eli siempre había pensado al verla desde fuera. Aunque le sorprendió aún más que allí solo vendieran sombreros. A pesar del cartel sobre el escaparate: «La sombrerería», estaba segura de que habría más productos; cestas de mimbre, corbatas, fulares… algo de eso. Le parecía increíble que la gente comprara tantos sombreros como para que alguien pudiera vivir de ello.

A pesar de que Eli residía en el portal de al lado desde hacía diez años, era la primera vez que entraba en La sombrerería. En unas horas embarcaría rumbo al Caribe y no le apetecía llevar su desgastada gorra de propaganda para un viaje tan especial. Mientras se probaba diferentes tipos de boinas no podía dejar de sonreír. Cómo no iba a hacerlo con el horizonte que se abría ante ella: una nueva vida junto al hombre al que amaba, quien había aparecido cuando y donde menos lo esperaba para llenar su mundo de felicidad.

Sabía que su familia no lo aceptaría, por eso no les había contado nada sobre Antonio. En cuanto conocieran su pasado intentarían alejarla de él. También ella tuvo sus reparos al principio, no lo niega, pero enseguida se dio cuenta de que era una buena persona que cometió un error, del que estaba arrepentido. Lo conoció cuando intentaba salir del laberinto oscuro de su pasado, y Eli le ayudó, le dio la mano y tiró de él. Antonio la necesitaba, y ella sabía ver al verdadero hombre, más allá de las etiquetas que le pusieran los demás. A la mierda todos esos prejuiciosos, lo conocía y confiaba en él.

No le convencían las boinas. Se acercó a las estanterías de las pamelas. Sí, le sentaban mejor. Se decidió por una de ala especialmente ancha y una cinta morada con una flor rosa y amarilla. Después eligió un sombrero para Antonio, uno convencional, el más grande para que le calara bien. Se acercó al mostrador. Era la única clienta, no había entrado nadie más desde que estaba allí, lo cual reavivó su duda sobre la rentabilidad de un local así.

Pidió al dependiente que el de hombre lo envolviera para regalo. Mientras lo veía preparar el paquete repasó mentalmente lo que debía llevar: las dos maletas con ropa, un par de libros, la cámara de fotos, los sombreros, las gafas de sol, el sobre con el dinero y los pasaportes falsos. En —miró el reloj— tres horas y veinte minutos recogería a Antonio en el penal como siempre, solo que después de ese permiso ya no volvería a entrar a ese odioso lugar. Para cuando empezaran a buscarlo estarían muy lejos, con nuevas identidades y nueva vida, una normal como la de las otras parejas de enamorados. Por supuesto que lo que él hizo estuvo mal, pero ya había cumplido muchos años de condena; lo sentía por esas mujeres, sin embargo el que su Antonio estuviera en la cárcel no les iba a devolver la vida. Además, se había rehabilitado y no volvería a hacer algo así. Claro que no. Ella lo ayudó a cambiar y siempre lo cuidaría. Él la necesitaba y no lo defraudaría.

Pagó, cogió la bolsa, abrió la puerta y se alejó, dejando tras de sí el eco de sus tacones.

Relato para el taller de escritura de agosto de Literautas. Requisito: que contenga las palabras: pasaporte, horizonte y laberinto. Reto opcional: que tenga lugar en una tienda de sombreros.

63 comentarios en “Un sombrero nuevo para una nueva vida

  1. whatgoesaround dijo:

    Jajaja, muy bueno, buenísimo. Cuando haces mención a esos «pasaportes falsos» es cuando entra de lleno el elemento sorpresa, esa digamos bofetada a la lógica o a lo esperable pero que, paradójicamente, yo ya esperaba de tus letras.
    Ay, no sé, no sé, lo digo por qué les habría hecho a esas mujeres: maltratarlas, violarlas, matarlas, o simplemente engañarlas y timarlas, como ese repulsivo timador guaperas que ha salido hace unas semanas en televisión. De verdad que un tío así da asco. Así le metan un paquete del quince. Pero digo «no sé, no sé» por lo de la rehabilitación, por lo de reformarse y cambiar, por lo de «yo le conozco de verdad y le voy a hacer cambiar, o lp que siento por él va a hacerle cambiar». Ojalá que sí, todos merecen una segunda oportunidad y todos merecemos soñar y creer que la felicidad puede alcanzarse. Quiero decir vivirse, je, je, más allá del plano ideal o mental.

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  2. whatgoesaround dijo:

    Ah, bueno, perdón, un lapsus de atención: «Que su Antonio estuviera en la cárcel no les iba a devolver la vida». Uau, de todas formas mis reflexiones sobre una hipotética rehabilitación siguen siendo las mismas. Y de todas formas hay tanto absurdo en esto de las condenas, hay tanta injusticia en la llamada justicia… por desgracia lo estamos viendo día a día en este país de pandereta…

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    • Luna Paniagua dijo:

      En realidad quería llamar la atención sobre la actitud de la protagonista, ese «qué feliz soy con el hombre de mi vida, ha sido malote, pero yo soy su salvadora». Este año ha habido un caso, no sé si lo escucharías, un preso que se fugó de una cárcel de Cantabria con su mujer. La conoció en otra cárcel, donde ella trabajó de asistente social y se casaron en un permiso. A raíz de eso he leído que ocurre mucho, que según los asesinos ingresan en prisión comienzan a recibir cartas de admiradoras que incluso piden bis a bis. Ah, el de antes violó a dos mujeres y asesinó a una de ellas, calificado como psicópata por los psicólogos. Bueno, el caso es que me quedé a cuadros y también leí sobre las causas que llevan a las mujeres a actuar así (también hombres pero muchísimo menos), una de ellas la definen como «desviación del instinto maternal» y es lo que quería plasmar en Eli.
      Gracias por leer el relato y el comentario, ja, ja, y buen domingo 🙂

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      • whatgoesaround dijo:

        Y en realidad sí que has llamado la atención sobre la actitud de la protagonista, por supuestísimo. Esa actitud que entrecomillas y que yo también he reflejado entrecomillándola. Una actitud de esperanzas, sueños e ilusiones que pueden verse truncados con suma facilidad, con unas altas probabilidades, por desgracia. Sueños que pueden calificarse de altamente cargados de ingenuidad, buena fe e incluso desconexión con la realidad y los hechos.
        Sí, sí que sabía toda esta dinámica que comentas con presos que son este tipo de asesinos, delincuentes que han violado a mujeres y cosas parecidas. También hay muchas series televisivas, particularmente norteamericanas, claro, que se hacen eco de este fenómeno. Series como Hannibal, Mentes Criminales, Bones, incluso CSI y muchas otras innumerables. Es escalofriante e increíble, esa admiración que despiertan e incluso «sentimientos amorosos» o el impulso de esas mujeres de entablar relaciones estrechas. Muy bien explicado y me apunto a esa tesis de la desviación del instinto maternal. Sí que escuché de ese caso, y de su detención en Senegal.
        Cuando empleé la palabra rehabilitación estaba pensando en otra muy relacionada que al final omití, reincidencia, por supuesto. Es difícil no ser muy escéptico en casos de delincuentes de esta índole, de que no vuelvan a cometer los mismos actos. Muchos necesitan tratamiento y aun así muchos jamás logran curarse ni cambiar.
        Claro, tu fantástica historia, con ese punto de humor negro, da para muchas reflexiones y para abordar esta temática desde muchas ópticas. Por supuesto, subyacen ahí de fondo una serie de cuestiones, como si podemos en el fondo cambiar a las personas.

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        • Luna Paniagua dijo:

          Yo sí que pienso que la gente puede cambiar, muchas veces se necesita que alguien o algo accione el interruptor, pero no creo que se pueda cambiar en todo. No sé, se puede ganar paciencia o perderla, por ejemplo. En muchas cosas… no creo que se pueda cambiar, tal vez disimular o aprender a controlarte, pero creo que tarde o temprano acaba saliendo lo que llevas dentro.

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    • Luna Paniagua dijo:

      No sé si es la necesidad de ser amada o de sentirse salvadora del «pobrecito hombre que se ha portado mal». Me he basado en un caso de este año, un violador y asesino se escapó con su mujer, asistente social, a la que conoció en la cárcel. Me quedé tan impactada que leí sobre ese y otros casos parecidos, y me impactó aún más. Por cierto que los detuvieron en Senegal. A saber cuándo sale el hombre de la cárcel, pero me temo que ella seguirá esperando…
      Gracias, Carmen. Besazos

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  3. cocinaparagordos dijo:

    Me quito el sombrero y hago una reverencia. ¡Fabuloso! y real como la vida misma. Eso de «yo le conozco y le voy a cambiar» , parece que forma parte del acervo cultural de muchas personas (hasta Marilyn Monroe decía «¿Por qué los hombres se enamoran de mi como soy y luego quieren cambiarme?»

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    • Luna Paniagua dijo:

      ¡Muchas gracias! Pero luego cambian y tampoco… Me has recordado algo que leí en un artículo sobre mujeres que se enamoran de asesinos, para el que habían hecho entrevistas a las partes: uno de ellos había cumplido condena, por lo visto se había rehabilitado y convertido en un hombre considerado normal, padre de familia, con trabajo… Pues se estaba separando de la mujer a la que conoció en la cárcel, ella decía que no era el mismo, que no hablaban como cuando estaban en la cárcel. Yo por lo menos leí entre líneas que se había aburrido de él…

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  4. evavill dijo:

    Muy buen relato, Luna. Te felicito.
    Me gusta mucho cómo mezclas las reflexiones de ella: la rentabilidad de la tienda de sombreros con lo que piensa sobre el hombre. Y el fondo de la cuestión, el creer que podemos cambiar a alguien. Aunque daría para muchos debates.
    Me sigue pareciendo muy difícil escribir un relato a partir de unas pocas palabras.
    Y por último: cerca de mi casa hay una sombrerería y también me pregunto cómo sobrevive 😉
    Besos!!

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  5. laacantha dijo:

    Tras pasar seis meces un detective gordo y bajito preguntaba enseñando la foto al dependiente si podría recordar a esa bella mujer con la pamela ….de ala especialmente ancha y una cinta morada con una flor rosa y amarilla….Se acordó de ella.
    Un buen texto. Abrazos.

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  6. magdalena dijo:

    Hay un refrán que dice: «Hay ojos que se enamoran de legañas». Y eso es lo que le ha pasado a Eli. Todos soñamos con la felicidad, que es el sueño del amor, pero muchas veces su despertar es triste. Seguro que a Eli en el Caribe la despertará una pesadilla.
    Besiños palmeiráns, queridísima Luna.

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  7. El rincón de Mar dijo:

    Como siempre, me has dejado sin palabras. Un tema que da mucho de sí. Pobre mujer, o… pobre Antonio. Aunque viendo la reincidencia, me inclino por lo primero. Tendemos a pensar que somos especiales, y tenemos la capacidad de lograr lo que otros no pueden. El cementerio está lleno de “esas circunstancias”. Suerte para Emili y un fuerte abrazo para ti.

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