Feliz y satírica Navidad

feliz y satírica Navidad

FELIZ Y SATÍRICA NAVIDAD

Me encanta la Navidad. Es mi momento preferido del año; una época mágica de la que disfruto hasta el más mínimo detalle. Llamadme fanática, pero me gustan incluso las compras de última hora: salir bajo las luces de colores con la bufanda hasta la nariz y la prisa en el cuerpo a perderme entre una marabunta estresada. Me ilusiona que la persona que me cobra lleve un gorro de papá Noel y me felicite las fiestas con una sonrisa.
Hoy ha sido un día de esos. Vuelvo a casa con siete bolsas, de las cuales, lo reconozco, cinco portan regalos para mí. En nada llegaré a mi precioso hogar, que por supuesto he decorado de acorde a las fechas en las que estamos: un árbol de Navidad en el salón, adornado con cintas y bolas doradas, rojas y plateadas perfectamente distribuidas; un belén de más de cien figuras que abarca a lo largo casi todo el pasillo, con su molino de agua en funcionamiento y luces que simulan el día y la noche; y espumillones de colores repartidos por todas las estancias. Sí, hasta en el baño.
Sonrío al divisar la secuencia de las luces enroscadas en la barandilla de mi balcón; sin duda las más llamativas de toda la fachada. Poco me dura la sonrisa… ya está el indigente al lado de mi portal. Joder, es que ¿no se puede ir a otro sitio en estos días, en vez de estar ahí sentado y estropear la bonita estampa navideña? Por dios, con lo violento que me resulta ignorarlo mientras paso a su lado, y abrir la puerta simulando que no me doy cuenta de que me observa entre las mantas raídas y los cartones mugrientos. Qué asco.
Entro en casa enfadada y enrabietada. Tiro las bolsas en una esquina, ni siquiera me apetece probarme mis adquisiciones del día. Maldito pordiosero, se ha cargado mi espíritu navideño.

Con este relato participo en el concurso de Zenda #cuentosdeNavidad.

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30 comentarios en “Feliz y satírica Navidad

      • carlos dijo:

        Gracias a ti Luna, creo que es imposible nadar contracorriente. Hemos dejado edificar a nuestro alrededor un sistema social basado en el rechazo al fracaso y en la competitividad. Como dice tu protagonista la mayor parte de los regalos son para mi. La actitud consecuente con estas premisas se afianza entre la mayoría social favoreciendo el consumo tanto que deviene imprescindible. Un besazo.

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        • whatgoesaround dijo:

          “Edificar a nuestro alrededor un sistema social basado en el rechazo al fracaso y en la competitividad”. Das totalmente en la clave, o en una de ellas. Una sociedad cruel y salvaje, y por ende en el fondo violenta, hostil e hipócrita.
          “¡Siete bolsas de regalos, qué bárbaro!”, he pensado. Entonces he llamado a mi amiga y me he ofrecido a ayudarla a desempaquetarlos en pocos días. Me ha dicho que sí. Pero también ha matizado que no había ningún regalo para mí. Entonces, como soy una persona muy, muy egótica, prepotente y pagada de mí mismo, una especie de chupóptero insaciable de las atenciones y alabanzas de los demás, alguien que no da nada si antes no le dan a ella, que no expresa ni exterioriza nada si antes no lo hacen los demás (o sea, que hinchen mi ego un poquito), en fin, alguien que antepone su ego aunque pueda toparse con cosas hermosas o potencialmente interesantes (¡regalos!), la he llamado y le he dicho que no voy. “Que te den”.
          Sé que suena fatal. Claro que si me suelta algo, como soy un absoluto maestro de la hipocresía (qué triste), le daré totalmente la vuelta a cualquier razonamiento o reproche que me pueda hacer, quedando así la mar de bien y como el summum de la “educación”.
          Fíjate, fíjate si soy mal bicho. Anda, pero si me ha salido un microrrelato (perdón).
          Muy bien, Carlos, por tu reflexión.

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        • carlos dijo:

          Superado el límite de las cien palabras de rigor, digo que tienes razón, pero veo difícil cambiar la situación en general, aunque en particular es otra cuestión distinta y cada cual tiende a cuidar de los que moran en su entorno. Un abrazo.

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  1. whatgoesaround dijo:

    ¡¡Ja!! Brutal. Especialmente el final. Te felicito. “Aflorar la culpa que se esconde en el subconsciente”. Exacto. ¿Navidades ya es solo consumismo? Podríamos reflexionar sobre eso: el espíritu, las motivaciones, la significación.
    Se celebra el que supuestamente naciera una persona que supuestamente se dejó crucificar por todos nosotros. He escrito “supuestamente” aunque a mí no me caben dudas sobre esos hechos. Pero aparte del significado religioso y espiritual, o incluso prescindiendo de esto, estas fiestas deberían significar amor, compartir, generosidad.

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  2. Raúl dijo:

    ¡Muy bueno, Luna! Tu relato me ha recordado la película “Plácido”, de Berlanga, en la que
    una familia rica invitaba a cenar a un mendigo en Nochebuena; la caridad cristiana es algo que también deberíamos revisar. Un abrazo.

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  3. magdalena dijo:

    Espero y deseo que ganes el concurso, Luna, te lo mereces.
    “Noble se puede llamar al que por su naturaleza es inclinado a la virtud”. Lo decía ni más ni menos que Séneca.
    La protagonista de tu fantástico relato, es un oasis para sí misma y un desierto ético para los demás. Hay mucha gente de esa índole, por desgracia.
    Besiños palmeiráns y mucha suerte queridísima Luna.

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  4. palmeiralibre dijo:

    Querida Luna:
    Me gusta la Navidad: porque son días en los que se reúne la familia, a pesar de no estar todos los que quisiéramos; por ese espíritu navideño que nos mueve a ser un poco más generosos, pese a darse situaciones como la que narras en tu bonito cuento; y por la
    alegría contagiosa de los niños, de la que tú debes de tener una gran experiencia.
    Y me gusta tu cuento; porque al leerlo me sentí interpelada, ya que desde las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde, pocos pasos del portal de mi casa, está sentado un indigente que me crea una enorme crisis de conciencia: si no lo socorro, me siento mal. Y si lo hago, también; porque, según la opinión de la mayoría, con mi ayuda estoy fomentando el enriquecimiento de las mafias que mueven un negocio muy rentable a costa de ingenuos como yo. ¿Cómo obrar, entonces? Esta situación me hace recordar la obra de Dickens, “Oliver Twist” y pienso en las consecuencias que podrá sufrir este pobre cuando no recauda una cantidad suficiente.
    Por desgracia, la bufanda comienza a ser una prenda prescindible; aunque mucha gente se niegue a dejarla, por sentirse “arropada”, pese al calor.
    Espero que el Olentzero se haya mostrado generoso con tus preciosos niños. Y con los encantadores papás.
    Un abrazo grande, grande.

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    • Luna Paniagua dijo:

      ¡Hola! Yo suelo encontrar alguna persona en la puerta del supermercado, y le saco algo de comer. Hace tiempo a otra le di alguna manta y ropa de niño porque tenían hijos. Creo que es una manera de ayudarles sin que nadie se aproveche.
      Yo, al de tu portal, le ayudaría, prefiero arriesgarme a que alguien se aproveche de mí ingenuidad, que dejar de ayudarle, porque también es posible que lo aproveche él mismo.
      Muchas gracias y un abrazo enorme

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