Difícil decisión

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DIFÍCIL DECISIÓN

Una gota de sudor se desliza desde mi frente mientras observo el panel de mandos de la condenada máquina. No estoy seguro de haber elegido la opción adecuada, y un error podría ser funesto. Me palpitan las sienes y por encima del ruido del fuerte latido de mi corazón escucho, desde dentro de mi cabeza, a mi madre rogándome que no lo haga, que piense con la cabeza, sea un buen hijo y me quede a su lado. No le hice caso. Ni sus lágrimas me detuvieron; fui capaz de mirarla a los ojos y decirle que la decisión estaba tomada y nada me detendría.

Y ahora estoy aquí, indeciso, tembloroso, amedrentado. Quisiera dejar de ser un hombre de cuarenta y cinco años y volver a ser un niño y estar junto a ella, que me siente en su regazo, me abrace y me diga que todo ha sido una pesadilla y a su lado no me pasará nada malo. Pero ya no puedo volver atrás.

Cojo aire y lo arrojo de golpe, alargo el dedo índice de la mano derecha y pulso el botón de inicio. Espero, con los hombros contraídos y la mandíbula apretada. Escucho un siseo que me detiene el pulso. Me escuecen los ojos ante la ausencia de parpadeo. Advierto que una cascada de agua cae hasta el centro del dispositivo y de repente se para. Retengo la respiración. Entonces, el compartimento donde metí mi ropa comienza a girar. ¡Sí! ¡Lo conseguí! ¡He puesto una lavadora! Relajo los hombros, destenso la mandíbula y una enorme sonrisa me pliega los mofletes.

Ha desaparecido el miedo y con él se ha despejado mi duda: era hora de ser independiente. Me recreo en mi victoria mirando la ropa mojada y revuelta girar;  y me pregunto cómo demonios hará ese aparato para sacarla limpia, planchada y doblada.

Con este relato participé en el concurso Independiente de Paula De Grei. Podéis leer a todos los participantes aquí.

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54 comentarios en “Difícil decisión

  1. carlos dijo:

    No me puedo creer que aún sucedan cosas así. Ese pazguato tan divertido debe tener nombre y apellidos. Que se sepan. Y a la Telefunken programable no me la toca nadie, ni un botón, porque incluso mantenemos una relación declarada en el Facebook.Un besote.
    Ya me imaginaba al mozalbete lanzando al espacio un cohete. O algo así.

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    • riol.angel dijo:

      No sé dónde vives tú, pero en mi caso (soltero e independiente desde hace años) conozco a muchos de mi quinta y menores (ellas y ellos, de cuyo nombre no quiero acordarme) crecidos en el matriarcado del “no te levantes de la mesa” que hemos pasado por ello (yo hace ya años) y algunos siguen pasando, casados incluso… Abogados, economistas, obreros… Y las madres (de ese pelo, mi madre es virgen) encantadas… El siglo XXI ha traído los Congo como animal de compañía para muchos… El relato es divertidísimo por ser real.

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  2. magdalena dijo:

    Yo creí que estaba a punto de pilotar un avión de tecnología avanzada, ja,ja,ja. Y en realidad para el muchachote de cuarenta y cinco años, la máquina infernal que tenía delante era más complicada y peligrosa que todo el grueso de los controles de uno de fuselaje ancho.
    Tienes una mente, querida…
    Besiños palmeiráns.

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  3. palmeiralibre dijo:

    He tenido el alma en vilo hasta la aparición de la lavadora. Por la tremenda carcajada que me has hecho soltar en ese momento…, te lo perdono. Mi intención era pedirte el teléfono del protagonista para que me facilitase la dirección de la tienda en la que vendían tal prodigio de lavadoras -en la mía lo más que logro es que salga la ropa medio seca-; pero pronto me he dado cuenta de que sólo eran ilusiones del muchacho: lo de la ropa doblada es lo que me ha hecho recapacitar.
    ¿Os imagináis cinco niños -la mayor, cuatro años y medio de diferencia con el más pequeño- metidos en la misma bañera a la hora del baño? ¿Y qué os voy a contar de las gripes, paperas, varicelas… al mismo tiempo? Preciosos recuerdos.
    Con esta historia has estado esplendida, Luna. ¡Genial!
    Abrazos.

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    • Luna Paniagua dijo:

      Desde luego no podías aburrirte y caerías rendida, pero seguro que también disfrutabas mucho.
      Ojalá una lavadadora-secadora-planchadora-dobladora, pero me parece a mí que de momento no.
      Muchas gracias, Carmen. Un abrazo enorme

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