Solo una vez

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No paró de correr desde el hospital hasta su casa. Recorrió en cinco minutos el camino para el que en condiciones normales hubiera necesitado casi veinte. Los cristales de los escaparates apenas tenían tiempo para reflejar el paso de un hombre bajo, de pelo rubio y corto, rollizo y vestido con traje gris y camisa.

Entró en su casa y cerró la puerta de un empujón, se sentó en el sofá y miró durante varios minutos la televisión apagada. No recordaba demasiado de la conversación que acababa de mantener con el médico, pero había tres palabras que no le abandonaban: VIH, positivo y SIDA.

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Pan comido

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PAN COMIDO

—Perdona, esa furgoneta que vendes, ¿cuántos kilómetros tiene? —A Eva le encantaba, era justo el vehículo que quería, aunque tendría que observarla más detenidamente, por supuesto.

—¡Hola! 50.000 —le contestó Enrique.

—¡Qué pocos!

—Ya ves. La compré para usarla con mi exnovia, pero me dejó y no me gusta viajar solo.

—Vaya, qué pena.

—Sí, bueno, ya lo he superado. Aunque es un rollo cocinar para uno solo.

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La tortuga y el salmón

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LA TORTUGA Y EL SALMÓN

Una tortuga nadaba en aguas profundas del océano cuando llegó un salmón. Se cayeron muy bien y enseguida se hicieron inseparables. Pasaban todo el tiempo juntos, jugaban y reían sin parar. Un día se prometieron que serían amigos para siempre y nunca se separarían.

Poco a poco, los demás salmones volvían hacia el río del que vinieron, para remontarlo hasta el lugar en que nacieron y allí desovar. También las tortugas se marchaban, en busca de zonas del mar con más medusas para alimentarse.

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Concatenación

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CONCATENACIÓN

—¡Empuja, cariño! ¡Empuja!

—¡No puedo!

—¡Claro que sí! Lo estás haciendo muy bien…

Leroy apretaba la mano de su mujer y le acariciaba el pelo, mojado por el sudor del esfuerzo. Susan estaba tumbada en la camilla del paritorio, con las piernas abiertas y los pies apoyados en sendos estribos. Cogía y echaba aire con rapidez, incapaz de respirar como le enseñaron en las clases de preparación al parto.

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De siesta en siesta

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DE SIESTA EN SIESTA

La verdad es que soy un gato afortunado. No me puedo quejar de nada, pese a que mis compañeros de piso —por llamarlos de alguna manera—, son un poco raros. Y sucios, ¿puedes creerte que no se saben limpiar? Yo alucino. Para lavarse se mojan con agua. ¡Agua! Todos sabemos que es solo para beber. Pero son incapaces de pasarse la lengua por todo el cuerpo. Solo a veces, después de comer algo, se chupan los dedos, aunque más tarde los vuelven a poner bajo el grifo. No tiene sentido.

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Alerta submarina

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ALERTA SUBMARINA

Un día de finales de julio, en el fondo del mar cerca de la isla de Tabarca se oye una canción…

—…para que bailes en esta fiesta, bajo el maaaaaaar… —Estrella hace una reverencia y todo el público rompe a gritar y aplaudir. Bueno, aplaudir, lo que se dice aplaudir, solo Pulpo y Langosta. Los demás hacen lo que pueden: Mero, Barracuda, Salmonete y Gobio mueven las aletas con rapidez; Nudibranquio agita las branquias y Morena abre y cierra la boca.

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Más allá de la tristeza

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MÁS ALLÁ DE LA TRISTEZA

Que mi hermana muriera fue lo peor que me había pasado en la vida. Con diferencia. Naiara era mi gemela, siempre habíamos estado juntas. Nos crearon a la vez y nacimos con apenas cinco minutos de diferencia. En el colegio y en el instituto nos pusieron en clases diferentes, pero nos juntábamos en el recreo. Incluso elegimos la misma carrera de universidad, que debíamos empezar el próximo septiembre.

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