Hoy son

El blog de Lídia

Tenía clase a primera hora y llegué al aula antes que los alumnos. Preparé las hojas de los exámenes y, como aún era pronto, esperé leyendo un artículo sobre el origen de la escritura. Cuando oí que entraban los niños levanté la vista; mis ojos no daban crédito al ver que todos llevaban algún disfraz. Ellos me miraban sonrientes.

—Pero ¿por qué habéis venido así? —pregunté.

Un superman levantó la mano. Lo señalé y dijo:

—Nos dijiste que hoy son Carnavales y que viniéramos disfrazados.

—¡No! —grité sin darme cuenta—. ¡Dije que hoy son los finales y que vinierais preparados!

Microrrelato para el reto Escribir jugando de abril del blog de Lídia. Requisitos:

  • Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la carta.
  • En tu creación debe aparecer el objeto del dado: ojo.

Reto abril

Reto opcional: que aparezca algo relacionado con el nacimiento de la escritura, que se produjo sobre el año 3400 a. C. en la antigua Mesopotamia. Este primer código escrito recibió el nombre de cuneiforme y se hacía sobre tabletas de arcilla húmeda con un palillo de punta en forma de cuña.

Libre

juego de escritura

Cerrar los ojos. Abrir los brazos. Sentir el aire en la cara. Aspirar el aroma de la pradera. 

Y correr. Sin miedo a tropezar. Disfrutar el vértigo. Reír. 

Ser libre.

Palabras para el reto «Emociones en 50 palabras» de abril de Sadire Lleide. Requisitos: escribir un microrrelato o poesía inspirado en la imagen o el sonido que nos proponga en tan solo 50 palabras.

Otro final

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La pesadilla había sido la de siempre. También lo eran las líneas luminosas de la pared, provocadas por los rayos de sol que se colaban entre las rendijas de la persiana. Y la angustia, clavada en su pecho y extendiéndose como una flecha de punta venenosa.

Cerró los ojos, nada podía hacer por cambiar su vida. Los abrió. Sí podía. Se levantó, corrió las cortinas, abrió las ventanas. Cocinaría, leería, vería una película. Pero, lo primero, acabaría el cuadro de la selva. Aún le faltaba pintar el león.

Sonrió. No solo había cambiado su final, había conseguido un nuevo comienzo.

Microrrelato para el reto Escribir jugando de marzodel blog de Lídia. Requisitos: Seguir leyendo

Volver

Me gustaría contarte que hoy he vuelto y he descubierto que treinta años no han sido suficientes para cerrar la herida. Todo se me aparece igual que lo recordaba, pero más ajado. Como yo. Miro la silla tirada en el suelo, rota. La valla con la que cercabas las ovejas ahora está oxidada; cuánto me gustaba ayudarte a meterlas, y cómo me regañabas porque las ponía nerviosas. Me sorprende que las fundas de los cartuchos sigan ahí, ensartadas en las puntas del cercado, aunque descoloridas. Creo escuchar tu voz: «Encuentra tres verdes, cuatro rojas, dos amarillas y cinco azules». Ahora sé que solo era una manera de mantenerme entretenido, pero era mucho lo que me divertía, y qué orgulloso te los llevaba cuando los conseguía reunir. Los árboles están más altos, solo ellos parecen haber seguido con vida. El resto se antoja muerto. Como tú. Seguir leyendo

Amor mañanero

San Valentín

14 de febrero.

—Buenos días, amor.

—Lo son porque estás conmigo, vidita. Toma, café.

—Oh, qué haría sin ti.

—Da igual, porque siempre estaremos juntos.

15 de febrero.

—Joder, ¿aún no has hecho café? Voy tarde.

—Haberte levantado antes.

—Borde.

—Eres inaguantable, un día me largo y no vuelvo.

—Ya estás tardando.

Microrrelato para el reto «Emociones en 50 palabras» de febrero de Sadire Lleide. Requisitos: escribir un microrrelato o poesía inspirado en la imagen o el sonido que nos proponga en tan solo 50 palabras.

La yaya

El blog de Lídia

Mamá sopla para apagar la cerilla tras encender las dos velas que flanquean la foto de la yaya. Todos la recordamos así: sentada, las manos en el regazo, los ojos cerrados y una ligera sonrisa. Me gustaba verla de ese modo; la observaba desde la puerta y me asombraba que fuera la misma mujer que me acosaba cuando nadie miraba. Que llevaba al diablo dentro, me susurraba, que anduviera con cuidado, que me estaba vigilando. Siempre creí que estaba loca; pero mientras apretaba una almohada sobre su cara, esperando a que dejara de moverse, supe que la yaya tenía razón.

Microrrelato para el reto Escribir jugando de febrero del blog de Lídia. Requisitos: Seguir leyendo

La estrella más brillante

El blog de Lídia

—Ey, pequeña, ¿qué haces? —preguntó Jon a su sobrina que, a pesar del frío y la oscuridad, permanecía en el jardín, lanzando una y otra vez un paquete hacia arriba—. Venga, entra en casa, vas a constiparte.

—Espera, espera, quiero que esto llegue hasta esa estrella, la más brillante de todas.

—Ah, y ¿por qué?

—Porque es mamá y hoy es 20 de enero, su cumpleaños. ¡Es su regalo!

Microrrelato para el reto Escribir jugando de enero del blog de Lídia. Requisitos: Seguir leyendo

Jingle bell

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Espumillón y bolas brillantes, villancicos y olor a galletas de jengibre, ¿qué podía faltar para que fueran unas Navidades perfectas?

Miró la mesa con solo un cubierto. Tragó saliva, suspiró y cogió su regalo. A pesar de haberlo comprado unos días antes, sabía que no era lo que quería.

Microrrelato para el reto «Emociones en 50 palabras» de diciembre de Sadire Lleide. Requisitos: escribir un microrrelato o poesía inspirado en la imagen o el sonido que os proponga en tan solo 50 palabras. He elegido el audio de la opción 1.

 

 

Ella

El blog de Lídia

Cansada de disimular de día y llorar de noche, decidió mostrarse tal y como era. No había pasado por esas operaciones para ocultar su cuerpo. Se puso su vestido más vistoso y la tiara que escondía en lo alto del armario y salió a la calle, como la princesa de su propio cuento que era.

Su sonrisa y determinación chocaron con la maldad de la gente. Ni siquiera encontró el respeto que merecía en los titulares de la mañana siguiente: «Aparece en el río el cuerpo de un hombre disfrazado de mujer».

Microrrelato para el reto Escribir jugando de diciembre del blog de Lídia. Requisitos: Seguir leyendo

Cuenta atrás

Nube

Imagen de Noteclaves

—Mamá, ¿qué es esto? —El pequeño Álex, de cuatro años, se revolvía en el regazo de su madre, con los ojos bien abiertos y una sonrisa constante, encantado de saciar su curiosidad.

—Es la playa de Calpe. Y esa piedra supergrande, el peñón de Ifach —respondió Begoña, con la vista fija en la fotografía que su hijo señalaba.

—¿Y ese señor?

—¡Es papá! Ja, ja, no lo reconoces porque aún no llevaba barba.

—¿Y yo por qué no estoy?—A pesar de la arruga en la frente y los labios apretados, Álex transmitía ternura, en lugar del enfado que sentía.

—Todavía no habías nacido. —A Begoña se le escapó una pequeña risa—. Vamos a ver más —dijo y pasó la hoja del álbum. Seguir leyendo