La noche

Comparto mi última colaboración en Letras & Poesía.

LA NOCHE

Discreta cae la noche

con su túnica negra

el paisaje ensombrece

difumina las calles.

 

En el cielo se prenden

festivas las estrellas

en el campo iluminan

traviesas las luciérnagas.

 

Es la ciudad sombría

amasijo de sombras

reina frío el silencio

cualquier ruido estremece.

 

No te fíes de nadie

que escudriñe la noche

cuídate de los monstruos

sobre todo de mí.

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Sanmigueles

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Sanmigueles

 Engalanado el pueblo, mil colores

anticipan las fiestas parroquianas

en las calles, balcones y ventanas

los vecinos hoy son espectadores.

 

A media tarde suenan los tambores

reavivando costumbres guipuzcoanas

en la torre repican las campanas

a San Miguel haciendo los honores.

 

Desde el ayuntamiento las banderas

se acompasan al ritmo de la banda

agitadas por jóvenes caseras.

 

Por la mañana misa veneranda

de noche alcohol y juergas duraderas

son jornadas de rezos y parranda.

Soneto

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Andaba yo enredada entre grafemas

usando sin descanso el alfabeto

enfrascada de lleno en el boceto

de una de mis historias tan extremas.

 

Carlos dijo: «Mejora tus poemas»

y como no rechazo ningún reto

aquí estoy intentando este soneto

admito que no exenta de problemas.

 

Soy cabezota por naturaleza

y tengo a mi familia por testigo

acabo lo que empiezo sin pereza.

 

Por la paciencia que tienes conmigo

aunque a veces me gane la torpeza

te lo dedico, Carlos, buen amigo.

Dedico este mi primer soneto a Carlos Miguélez, gran amigo, gran poeta y gran persona. Por, entre otras cosas, enseñarme todo lo que sé sobre poesía.

Podéis leer sus maravillosos versos en carlosmiguelez.es.

30 de mayo

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30 DE MAYO

Felicidades, hoy es tu cumpleaños. Aunque no lo recuerdes.

Iré a verte. No me conocerás, pero me sonreirás. Cariñoso, me devolverás el beso y el abrazo.

Excusaré decirte que el bebé que llevo en brazos es una niña y no un niño, porque al segundo lo olvidarías.

Te preguntaré qué tal. Me dirás que bien y me presentarás orgulloso a tus amigos. No mencionarás nombres, los nuevos no los retienes y los viejos —el mío—  han huido de tu memoria marchita.

Abrirás ilusionado el regalo. Te emocionarás y me lo agradecerás. Lo dejarás en cualquier sitio y no volverás a cogerlo; no sabrás que es tuyo.

Pasearemos. Me contarás historias mil veces repetidas, como si fueran nuevas. Y otras inventadas, como si fueran ciertas.

Me despediré. Tal vez te sientas contento por la visita, o aliviado por volver a tu sosiego.

Te prometeré que volveré. Me dirás, risueño, que cuando quiera.

Me iré. Olvidarás tu cumpleaños, el beso, el abrazo, el regalo, el paseo, a mí.

Marcharé apenada, pensando en si tras esos ojos colmados de desconocimiento, te sentirás solo y perdido.

También satisfecha, por haber alegrado tu alma durante un momento, aunque no vuelvas a evocarlo.

Me alejaré deseando regresar, porque aunque no te acuerdes, te quiero.