Volver

Me gustaría contarte que hoy he vuelto y he descubierto que treinta años no han sido suficientes para cerrar la herida. Todo se me aparece igual que lo recordaba, pero más ajado. Como yo. Miro la silla tirada en el suelo, rota. La valla con la que cercabas las ovejas ahora está oxidada; cuánto me gustaba ayudarte a meterlas, y cómo me regañabas porque las ponía nerviosas. Me sorprende que las fundas de los cartuchos sigan ahí, ensartadas en las puntas del cercado, aunque descoloridas. Creo escuchar tu voz: «Encuentra tres verdes, cuatro rojas, dos amarillas y cinco azules». Ahora sé que solo era una manera de mantenerme entretenido, pero era mucho lo que me divertía, y qué orgulloso te los llevaba cuando los conseguía reunir. Los árboles están más altos, solo ellos parecen haber seguido con vida. El resto se antoja muerto. Como tú. Seguir leyendo

Andanzas nocturnas

mar en tempestad

Imagen de Fernando. Flickr

Los ronquidos de la abuela me recuerdan que estoy en casa de mis padres. Y luego dirá que no puede dormir por los dolores. Por si no fuera suficiente haber tenido que volver, además comparto mi antigua habitación con ella. Que yo la quiero mucho; pero antes me leía un cuento al acostarme y ahora me duermo oyendo sus oraciones y el sonido de las cuentas del rosario.

Enciendo la pantalla del móvil; pasan siete minutos de las tres de la mañana. Con cuidado me levanto y salgo de la habitación. Entro al baño y solo después de haber cerrado la puerta enciendo la luz. Me miro en el espejo. Hay algo raro en el reflejo; una especie de ondas desdibuja apenas mi imagen. Un presentimiento se adueña de mí y la tripa me cosquillea. Es una locura: presiento que un mundo fantástico me espera tras el espejo. Me acerco despacio, hasta que mi nariz casi roza el cristal. Cierro los ojos. A la de una, a la de dos, a la de tres. Con fuerza me lanzo hacia delante y… Seguir leyendo