La vecina

microrrelato Luna Paniagua

Imagen de coombesy en Pixabay

Aunque siempre me daba un caramelo de jengibre cuando subíamos en el ascensor, no me gustaba encontrármela. Creo que las arrugas de su cara me daban grima. Vivía en el quinto y ya era vieja cuando yo era niño. Mi hermana y yo la llamábamos la Dinosaurio a pesar de las regañinas de mi madre.

El día que vi su esquela en el portal no sentí nada. Sin embargo, al entrar en el ascensor un fuerte olor a jengibre penetró en mis entrañas y se me clavó como una daga. Ahora siempre subo por las escaleras; aun así, la extraño.

Relato para el taller de escritura de Literautas de junio. Requisito: microrrelato de cien palabras como máximo y de tema libre. Reto opcional: incluir en el texto las palabras daga, ascensor y dinosaurio.

 

Andanzas nocturnas

mar en tempestad

Imagen de Fernando. Flickr

Los ronquidos de la abuela me recuerdan que estoy en casa de mis padres. Y luego dirá que no puede dormir por los dolores. Por si no fuera suficiente haber tenido que volver, además comparto mi antigua habitación con ella. Que yo la quiero mucho; pero antes me leía un cuento al acostarme y ahora me duermo oyendo sus oraciones y el sonido de las cuentas del rosario.

Enciendo la pantalla del móvil; pasan siete minutos de las tres de la mañana. Con cuidado me levanto y salgo de la habitación. Entro al baño y solo después de haber cerrado la puerta enciendo la luz. Me miro en el espejo. Hay algo raro en el reflejo; una especie de ondas desdibuja apenas mi imagen. Un presentimiento se adueña de mí y la tripa me cosquillea. Es una locura: presiento que un mundo fantástico me espera tras el espejo. Me acerco despacio, hasta que mi nariz casi roza el cristal. Cierro los ojos. A la de una, a la de dos, a la de tres. Con fuerza me lanzo hacia delante y… Seguir leyendo

Ni lágrimas ni olvido

prisión franquista mujeres Guipúzcoa

Imagen de Indalecio Ojanguren

NI LÁGRIMAS NI OLVIDO

Ya sé lo que piensas: que lloro porque tengo miedo a la muerte, ¿a que sí? Es normal que te lo parezca, al fin y al cabo soy un viejo de 85 años que ya no puede ni levantarse de la cama para hacer sus necesidades. Pero no. No me asusta morir; al contrario, cuando el Señor decida llevarme a su lado, por fin mi conciencia se acallará. Bueno, el Señor o lo que sea, yo ya no sé ni qué creer. No me mires con esa cara, no son delirios de un viejo chocho. Si quieres, te cuento lo que me ocurre. ¿Sí? Muy bien, supongo que tienes tiempo. Espero tenerlo yo también… Sin embargo, antes de empezar, prométeme una cosa: que no te lo guardarás para ti solo. Haz que España lo sepa. No lo olvides. Seguir leyendo

La Redera

Getariako portua

LA REDERA

Ese día me extrañó que ella no estuviera. Fue hace un mes, pasaba por el puerto y enseguida me di cuenta de que faltaba, aunque hacía tiempo que no le prestaba atención. Todos la llamábamos la Redera y la veíamos como parte del paisaje; una entrañable estatua que respiraba: sentada en una silla de madera, con falda y camisa negras y alpargatas. En invierno, abrigo y calcetines largos. El pelo cano recogido en un moño bajo, la cara despejada, ajada por los años y el entorno. Y los ojos… se perdían, sin ver, en el mar que amaba y odiaba. Seguir leyendo

Vuelta al hogar

VUELTA AL HOGAR

Caminamos por la nieve hasta mi antigua casa, por primera vez me atrevo a acercarme. De pie frente a la puerta, ahora cerrada con una cadena, recuerdo aquella fatídica noche en que mi familia fue decapitada. Jon, mi novio, me pregunta si quiero entrar. Contesto que no con la cabeza y salgo corriendo. Piensa que tengo miedo y acierta, aunque no en la causa: no quiero que lo que me poseyó aquella noche lo vuelva a hacer estando con él.

Reto: 5 líneas de Adella Brac. Diciembre: cadena, primera y casa. Opcional: que aparezca un paisaje nevado.

Feliz y satírica Navidad

feliz y satírica Navidad

FELIZ Y SATÍRICA NAVIDAD

Me encanta la Navidad. Es mi momento preferido del año; una época mágica de la que disfruto hasta el más mínimo detalle. Llamadme fanática, pero me gustan incluso las compras de última hora: salir bajo las luces de colores con la bufanda hasta la nariz y la prisa en el cuerpo a perderme entre una marabunta estresada. Me ilusiona que la persona que me cobra lleve un gorro de papá Noel y me felicite las fiestas con una sonrisa.
Hoy ha sido un día de esos. Vuelvo a casa con siete bolsas, de las cuales, lo reconozco, cinco portan regalos para mí. En nada llegaré a mi precioso hogar, que por supuesto he decorado de acorde a las fechas en las que estamos: un árbol de Navidad en el salón, adornado con cintas y bolas doradas, rojas y plateadas perfectamente distribuidas; un belén de más de cien figuras que abarca a lo largo casi todo el pasillo, con su molino de agua en funcionamiento y luces que simulan el día y la noche; y espumillones de colores repartidos por todas las estancias. Sí, hasta en el baño.
Sonrío al divisar la secuencia de las luces enroscadas en la barandilla de mi balcón; sin duda las más llamativas de toda la fachada. Poco me dura la sonrisa… ya está el indigente al lado de mi portal. Joder, es que ¿no se puede ir a otro sitio en estos días, en vez de estar ahí sentado y estropear la bonita estampa navideña? Por dios, con lo violento que me resulta ignorarlo mientras paso a su lado, y abrir la puerta simulando que no me doy cuenta de que me observa entre las mantas raídas y los cartones mugrientos. Qué asco.
Entro en casa enfadada y enrabietada. Tiro las bolsas en una esquina, ni siquiera me apetece probarme mis adquisiciones del día. Maldito pordiosero, se ha cargado mi espíritu navideño.

Con este relato participo en el concurso de Zenda #cuentosdeNavidad.

Café nocturno

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CAFÉ NOCTURNO

No debería tomar café después de cenar, luego me cuesta dormirme y cuando lo consigo tengo sueños rarísimos. Ayer soñé que desde un observatorio astronómico veía un planeta morado. Fui hasta él en cohete y conocí a unos extraterrestres muy simpáticos; algunos vinieron conmigo de vuelta. Un momento antes de aterrizar, desperté.

Hoy no he tomado café, pero aún así no concilio el sueño. Oigo ruidos que vienen de debajo de la cama. Dudo si encender la linterna y mirar o no. Total, seguro que no es nada. O sí es algo. Tengo miedo; ¿por qué no pondría canapé abatible?

Microrrelato para el reto Escribir jugando de diciembre del blog de Lídia. Requisitos: Seguir leyendo

Un sombrero nuevo para una nueva vida

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UN SOMBRERO NUEVO PARA UNA NUEVA VIDA

La tienda era más grande de lo que Eli siempre había pensado al verla desde fuera. Aunque le sorprendió aún más que allí solo vendieran sombreros. A pesar del cartel sobre el escaparate: «La sombrerería», estaba segura de que habría más productos; cestas de mimbre, corbatas, fulares… algo de eso. Le parecía increíble que la gente comprara tantos sombreros como para que alguien pudiera vivir de ello. Seguir leyendo

Cosas de niños

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—No seas impaciente, que no siempre tiene que ser lo que tú quieres y cuando tú quieres. Qué niño este, no tiene remedio. Hala, ahora se pone a llorar. ¿Es que no puedes aguantar  ni un poco? ¿No ves que si dejo de remover se me pega el arroz con leche? Además, que la culpa es tuya, mira que os he dicho mil veces a tu hermano y a ti que no juguéis con la caja de herramientas. No grites. He dicho que esperes, y si no quieres esperar, te sacas tú solito el clavo de la frente.