Vuelta al hogar

VUELTA AL HOGAR

Caminamos por la nieve hasta mi antigua casa, por primera vez me atrevo a acercarme. De pie frente a la puerta, ahora cerrada con una cadena, recuerdo aquella fatídica noche en que mi familia fue decapitada. Jon, mi novio, me pregunta si quiero entrar. Contesto que no con la cabeza y salgo corriendo. Piensa que tengo miedo y acierta, aunque no en la causa: no quiero que lo que me poseyó aquella noche lo vuelva a hacer estando con él.

Reto: 5 líneas de Adella Brac. Diciembre: cadena, primera y casa. Opcional: que aparezca un paisaje nevado.

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Café nocturno

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CAFÉ NOCTURNO

No debería tomar café después de cenar, luego me cuesta dormirme y cuando lo consigo tengo sueños rarísimos. Ayer soñé que desde un observatorio astronómico veía un planeta morado. Fui hasta él en cohete y conocí a unos extraterrestres muy simpáticos; algunos vinieron conmigo de vuelta. Un momento antes de aterrizar, desperté.

Hoy no he tomado café, pero aún así no concilio el sueño. Oigo ruidos que vienen de debajo de la cama. Dudo si encender la linterna y mirar o no. Total, seguro que no es nada. O sí es algo. Tengo miedo; ¿por qué no pondría canapé abatible?

Microrrelato para el reto Escribir jugando de diciembre del blog de Lídia. Requisitos: Seguir leyendo

¿Feliz? año nuevo

¿FELIZ? AÑO NUEVO

No fue una buena idea conocer a los padres de mi novia en la cena de Nochevieja. Debería haberle dicho que no, que pasaría la velada con mi familia. Hubiera sido una buena razón, muy comprensible, para negarme. Pero en lugar de eso acepté y allí fui, con mi traje impecable, una botella de vino y un ramo de flores. «Ay, no tenías que haber traído nada», dijo su madre, sin embargo su sonrisa y sus ojos transmitían que entraba con buen pie. Solo tenía que mantenerme alerta para no soltar alguno de mis comentarios fuera de contexto, esos que me habían costado, a corto o largo plazo, el resto de mis relaciones. Tenía que aguantar.

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Misión interplanetaria

MISIÓN INTERPLANETARIA

—Solicito comunicación con el gran capitán desde la nave de intervención. Repito: solicito comunicación con el gran capitán. Aquí el primer relaciones intraplanetarias. Canje.

—Le habla el primer capitán. ¿Cómo ha ido la misión en el planeta añil? Canje.

—Mal, muy mal. Me ha resultado del todo imposible establecer conexión con los alienígenas autóctonos. Canje.

—¡¿Cómo es posible?! Eres nuestro mejor relaciones. Canje.

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Ella y yo

ELLA Y YO

Su mirada me cautivó desde la primera vez que la vi. Sin apenas conocernos, me abrió las puertas de su casa y de su corazón. Yo, que solo había recibido palos de la vida, acababa los días en el sofá junto a la mujer más maravillosa del mundo; y los comenzaba despertándome a su lado en la cama. Pero apareció él y lo fastidió todo. Él, con su sonrisa, sus abrazos y sus regalos.

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Coplas de víspera

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COPLAS DE VÍSPERA

Ya había anochecido a media tarde de aquel cuatro de febrero. Un grupo de niños y niñas, vestidos de caseros y con los bastones engalanados a base de cintas tricolores y cascabeles,  cantaba coplas a Santa Águeda. Al terminar su repertorio recibieron con gritos y aplausos bolsas de patatas, monedas y hasta un par de billetes.

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Una campana, dos olas y mucho amor

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Lekeitio –  Imagen propia

UNA CAMPANA, DOS OLAS Y MUCHO AMOR

Llevo tanto tiempo en este hospital que ya lo siento como un segundo hogar. Y al personal, de la familia: la enfermera que me habla como si fuera un niño; la que no debe de tener vocación, porque siempre está enfadada; el médico serio y profesional, con ese tono neutro; la limpiadora que canta canciones de Manolo Escobar y me alegra el día entre el carro y la minifalda de los partidos; y mi preferida, la auxiliar que dice que ha dejado de fumar, pero yo sé que no, porque el chicle de clorofila no enmascara el olor.

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Tranquila, mamá

TRANQUILA, MAMÁ

Hacía tiempo que no salía a correr, a pesar de lo que me gusta y de que me renueva. Mi momento favorito es este, de noche. Por suerte vivo al lado de un parque. Uno de sus lados linda con la acera, aunque yo prefiero ir por la hierba; la tierra amortigua el impacto de mis pies contra el suelo. Paso cerca de los edificios, iluminados en su parte baja por farolas que dan poca luz y crean alargadas y oscuras siluetas.

El resto del parque limita con solares abandonados, es mi parte preferida. Si salgo de entre los árboles y miro hacia el cielo, veo cantidad de estrellas, siempre  que esté despejado. Aunque no lo hago mucho, no quiero arriesgarme a meter el pie en un agujero y caerme.

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La princesa Catalina

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LA PRINCESA CATALINA

María Catalina Isabel Victoria Alexia era la joven princesa de un pequeño reino. Traía de cabeza a su padre, el rey, ya que no ponía ningún interés en su formación como futura reina. Le gustaban las clases de Matemáticas, Literatura, Música y Ciencias sociales; pero cuando tocaban las de Comportamiento de Princesa o Reinado siempre conseguía escaparse. Solía ir a las caballerizas o a cualquier pasto en el que hubiera ovejas. Ayudaba al veterinario y a los pastores, escuchaba sus batallitas y aprendía cómo cuidar y tratar a los animales; ellos eran su verdadera pasión.

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El abuelo

EL ABUELO

Fue un gran disgusto para mí que mi abuelo muriera. No me crié con él, ni hizo de padre conmigo, ni nada de eso. Ni siquiera le veía a diario; vivía demasiado lejos. Pero pasé todos los veranos con él hasta que cumplí dieciséis años, hace cuatro, cuando decidieron internarlo en una residencia.

Vivía en un pequeño pueblo del Pirineo occidental, Carmio, en una casa de dos plantas y sótano. Mi abuela murió en un accidente de autobús al poco de nacer mi madre y no se volvió a casar. Me llevaban allí a finales de junio, al acabar las clases, y me recogían a mediados de agosto, cuando mis padres comenzaban las vacaciones, para viajar los tres juntos.

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