Desatino

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Quiso ganar la partida a la muerte,

ser inmortal

fue su único fin.

Maldita paradoja

la de gastar su tiempo

en pos de eternizarlo.

Tras su último aliento… no hubo más.

Microrrelato para el reto «Emociones en 50 palabras» de enero de Sadire Lleide. Requisitos: escribir un microrrelato o poesía inspirado en la imagen o el sonido que nos proponga en tan solo 50 palabras.

La estrella más brillante

El blog de Lídia

—Ey, pequeña, ¿qué haces? —preguntó Jon a su sobrina que, a pesar del frío y la oscuridad, permanecía en el jardín, lanzando una y otra vez un paquete hacia arriba—. Venga, entra en casa, vas a constiparte.

—Espera, espera, quiero que esto llegue hasta esa estrella, la más brillante de todas.

—Ah, y ¿por qué?

—Porque es mamá y hoy es 20 de enero, su cumpleaños. ¡Es su regalo!

Microrrelato para el reto Escribir jugando de enero del blog de Lídia. Requisitos: Seguir leyendo

El bosque loco

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Ilustración propia

(Poema infantil)

En el bosque pasa algo extraño:

los gatos se dan un baño,

desde la orilla les miran, tranquilos,

los cocodrilos.

El búho pesa 300 kilos,

se rompió su rama

y cayó sobre la llama

que va en pijama.

Llevan gorro las ranas,

las jirafas bufanda,

las vacas camisetas con propaganda.

Un ciervo anda cojo

y un león le ayuda a caminar.

El topo mira todo con sus ojos

color verde mar.

El gallo no puede cantar, es mudo,

el lobo grita: «¡Miau!»

y el perro le contesta: «Gu-gu-au-au»

¡se ha vuelto tartamudo!

Este el bosque más raro del mundo.

Poema para La caja mágica (403), del magazine radiofónico Menudo Castillo. El requisito es escribir un poema o microrrelato de menos de 100 palabras y que incluya las siguientes: gorro, camisetas, ojos, tartamudo, rana. (Cada semana cambian las palabras).

Tres reyes y un pastorcillo

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Ilustración  propia

—Ya sabía yo que esto acabaría pasando… —Se dijo Melchor a sí mismo, mientras giraba la cabeza de un lado a otro e intentaba ignorar la desde esa madrugada incesante discusión a sus espaldas.

—Es que no entiendo por qué no puedes contarme lo que has hecho cuando te has levantado esta noche —decía Gaspar por enésima vez.

—Te lo he contando mil veces —respondía Baltasar en el mismo tono con el que le hablaría a un niño —, me sentó mal la cena que nos dieron en ese campamento y tuve que salir corriendo a vaciar el vientre.

—Ya, y ¿por qué te demoraste tanto en volver? Y no mientas, que te estuve esperando despierto, ¡sé lo que tardaste!

—Me costó encontrar algo con lo que limpiarme, ¿tú has visto una sola hoja en este maldito desierto? ¿Qué querías, que me lavara con la túnica?

—Y fuiste a buscarlo a la borda de ese pastorcillo, ¿no? Y yo como un idiota esperándote para darte calor… —Gaspar comenzó a sollozar.

—¡Que no he estado con ningún pastor! —Por primera vez, Baltasar levantó la voz.

—¡¿Con quién, entonces?!

—¡Con nadie! ¡Que fui a cagar! ¡¿Cómo demonios tengo que decírtelo?!

—¡Basta ya! —La profunda voz de Melchor detuvo la discusión y los gimoteos de Gaspar—. No sois adolescentes, sois reyes, comportaos como tales de una vez. Y dejadme concentrarme en la estrella guía. Me despistáis y acabaremos por perdernos y no llegaremos a darle sus regalos al Niño.

—Para lo que este le lleva —murmuró Gaspar—, mirra… ¿A quién se le ocurre llevarle a un recién nacido una sustancia para embalsamar muertos? Si es que no tiene sensibilidad ninguna, ya me estoy dando cuenta…

—También sirve para otras cosas —respondió Baltasar mientras pensaba que todo lo que aquel hombre tenía de atractivo lo tenía de inculto —. Además, y ¿tú qué? ¿Incienso? Oh, eso sí que es útil…

—Pues claro que lo es, para mantener un buen ambiente y combatir los efluvios de las deposiciones del Niño. Porque los bebés sí que cagan a todas horas, no como tú, que dices que lo haces, pero te vas con ese past…

—¡Que no he estado con ningún pastor!

Melchor azuzó a su camello para que fuera más rápido y el resto del camino mantuvo una distancia mayor con los otros dos reyes. Seguía oyéndolos, pero más lejos y le costaba menos mantener la vista en la estrella.

Cuando por fin llegaron al portal de Belén, los tres se quedaron maravillados. Era pequeño, justo entraban María, José, el Niño, y una mula y un buey que los calentaban. Eran pobres pero el ambiente que se respiraba destilaba riqueza en amor. Melchor hizo las presentaciones y les ofrecieron sus presentes. Tras dejar el suyo en último lugar, Baltasar posó su mano sobre la de Melchor, quien lo miró de reojo intentando mantener el semblante serio, para finalmente ofrecerle una sonrisa. No necesitaron palabras, sus miradas se dijeron lo mucho que se querían y deseaban terminar con esa tonta discusión.

Tras descansar y dar bebida y comida a los camellos, los tres reyes emprendieron el viaje de vuelta. Melchor los dirigía, convencido de que el regreso sería más tranquilo. Sin embargo, la voz de Gaspar lo sacó de su error:

—Has mirado demasiado a José.

—No empieces —respondió Baltasar en tono conciliador—, ya sabes que solo tengo ojos para ti.

—No pasa nada, si te ha gustado me lo dices y ya está, nadie dice que no podamos mirar a otros.

—No tengas duda de que yo solo te quiero a ti, pero… la verdad es que José tiene unos ojos muy bonitos.

—¡Lo sabía! —Gaspar se detuvo y giró el camello para mirar a Baltasar—. Y el pastor, ¿eh? ¡¿Qué tenía bonito, además de los ojos?!

—¡Que no estuve con ningún pastor, maldito celoso paranoico!

Melchor apretó el paso. Mejor dicho: hostigó a su camello para que corriera como nunca en su vida. Él se iba solo, ya habían cumplido su misión y no tenía que aguantarlos más. Por él, como si se quedaban perdidos en el desierto para siempre… entre pastorcillos.

Con este relato participo en el concurso de Zenda #cuentosdeNavidad.

Jingle bell

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Espumillón y bolas brillantes, villancicos y olor a galletas de jengibre, ¿qué podía faltar para que fueran unas Navidades perfectas?

Miró la mesa con solo un cubierto. Tragó saliva, suspiró y cogió su regalo. A pesar de haberlo comprado unos días antes, sabía que no era lo que quería.

Microrrelato para el reto «Emociones en 50 palabras» de diciembre de Sadire Lleide. Requisitos: escribir un microrrelato o poesía inspirado en la imagen o el sonido que os proponga en tan solo 50 palabras. He elegido el audio de la opción 1.

 

 

Ella

El blog de Lídia

Cansada de disimular de día y llorar de noche, decidió mostrarse tal y como era. No había pasado por esas operaciones para ocultar su cuerpo. Se puso su vestido más vistoso y la tiara que escondía en lo alto del armario y salió a la calle, como la princesa de su propio cuento que era.

Su sonrisa y determinación chocaron con la maldad de la gente. Ni siquiera encontró el respeto que merecía en los titulares de la mañana siguiente: «Aparece en el río el cuerpo de un hombre disfrazado de mujer».

Microrrelato para el reto Escribir jugando de diciembre del blog de Lídia. Requisitos: Seguir leyendo

Cuenta atrás

Nube

Imagen de Noteclaves

—Mamá, ¿qué es esto? —El pequeño Álex, de cuatro años, se revolvía en el regazo de su madre, con los ojos bien abiertos y una sonrisa constante, encantado de saciar su curiosidad.

—Es la playa de Calpe. Y esa piedra supergrande, el peñón de Ifach —respondió Begoña, con la vista fija en la fotografía que su hijo señalaba.

—¿Y ese señor?

—¡Es papá! Ja, ja, no lo reconoces porque aún no llevaba barba.

—¿Y yo por qué no estoy?—A pesar de la arruga en la frente y los labios apretados, Álex transmitía ternura, en lugar del enfado que sentía.

—Todavía no habías nacido. —A Begoña se le escapó una pequeña risa—. Vamos a ver más —dijo y pasó la hoja del álbum. Seguir leyendo