Ataque de risa

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ATAQUE DE RISA

Y se ríe. No puede parar aunque sabe que debería estar formal. Cuanto más intenta ponerse serio, más sonoras le brotan las carcajadas. Los hombros se le mueven con violencia y varios lagrimones recorren sus mejillas. Tiene la sensación de que en cualquier momento va a oír: «Mario, salga aquí a contar el chiste y así nos reímos todos». Pero no, eso no va a ocurrir. Porque la persona en pie frente a él no es un profesor sino un cura, y no se encuentra en clase; está en un funeral.

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Inocencia a prueba de bombas

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INOCENCIA A PRUEBA DE BOMBAS

Sara observa a su hijo correr hacia la tienda de campaña, su hogar desde hace meses. No esquiva los charcos. «Este niño, ahora tendrá que estar dentro hasta secarse». Sufre al verlo en sandalias con este temporal. Les robaron las maletas en verano, al bajar del barco en que cruzaron el maldito mar que se tragó a su marido y a su hija pequeña. Por suerte le donaron unos calcetines. El pequeño llega hasta ella colorado y con una gran sonrisa.

—¡Mamá! Junaid dice que pronto será Navidad.

—Sí, cielo, pero…

—¿Crees que los Reyes Magos me traerán unas botas?

Microrrelato realizado para el taller de escritura de Literautas de diciembre.

Requisitios: máximo 100 palabras y que aparezca la palabra «navidad».

Reto opcional: incluir también las palabras «sandalia» y «barco».

Almendras, regalos y mentiras junto al árbol

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ALMENDRAS, REGALOS Y MENTIRAS JUNTO AL ÁRBOL

Para Martina la mañana de Navidad era, si cabe, aún más especial que para los demás niños.

La noche anterior ponía junto al árbol un plato de almendras garrapiñadas y un vaso de vino tinto, sabía de buena fe que eso era lo que le gustaba a Papá Noel. Se dormía mucho más tarde de lo que acostumbraba, cuando al fin el cansancio vencía al nerviosismo; se despertaba antes de lo normal, cuando la excitación ganaba al sueño. Levantaba a su madre y las dos se acercaban al árbol, comprobaban entre risas que la comida y la bebida habían desaparecido y repartían los regalos.

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El cotillón

EL COTILLÓN

Apuro mi segunda copa sin dejar de preguntarme qué demonios hago yo aquí, si no me gustan los cotillones. Pero claro, cuando el chico que te gusta te propone que vayas a uno todo cambia. Aunque te lo diga la misma mañana del 31 de diciembre, no tienes más remedio que llamar a tus amigas y decirles que ya no sales con ellas. Que tu amor platónico desde hace dos años por fin se ha dado cuenta de que existes y vuestro principio de cuento de hadas va a ser esa misma noche.

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¿Feliz? año nuevo

¿FELIZ? AÑO NUEVO

No fue una buena idea conocer a los padres de mi novia en la cena de Nochevieja. Debería haberle dicho que no, que pasaría la velada con mi familia. Hubiera sido una buena razón, muy comprensible, para negarme. Pero en lugar de eso acepté y allí fui, con mi traje impecable, una botella de vino y un ramo de flores. «Ay, no tenías que haber traído nada», dijo su madre, sin embargo su sonrisa y sus ojos transmitían que entraba con buen pie. Solo tenía que mantenerme alerta para no soltar alguno de mis comentarios fuera de contexto, esos que me habían costado, a corto o largo plazo, el resto de mis relaciones. Tenía que aguantar.

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