Esperanza a pie de pista

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ESPERANZA A PIE DE PISTA

Hacía casi treinta años que no venía a este lugar. Recuerdo que me sentaba entre los primeros árboles del bosque; en verano me daban sombra y en invierno me protegían del gélido viento. Cada día me pasaba así horas, con una flor roja en la mano, su preferida, con la esperanza de que ella bajara de alguno de los aviones que veía aparecer de entre las nubes y aterrizar. Nunca lo hizo, ¿cómo iba a poder? Ingenuo yo, y desatinado mi pobre padre cuando me dijo que mamá se había ido al cielo.

Microrrelato para el reto Escribir jugando de febrero del blog de Lídia. Requisitos:

  • Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
  • En tu creación debe aparecer la imagen del dado: un bosque.

retofebrero

Reto opcional:

  • Que en la historia aparezca una pista de aterrizaje.

retopfeb

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Se vende

Se vende

Imagen de Carlos Feijoo – La estaca clavada

Se vende corazón.

Necesita reforma.

Sin apuntalar,

peligro de derrumbe;

hundido por los años y el mal uso,

desarbolado,

demasiadas tormentas padecidas,

desalmados lobos lo han soplado.

Se vende corazón abandonado.

Se vende corazón. O se alquila.

Se alquila corazón

con piscina de lágrimas infectas,

jardín de nomeolvides marchitados

y vistas al mar de la abulia inmensa.

Se alquila corazón. Sin fianza.

Se vende corazón. O se alquila. O se regala.

Se regala corazón.

Tómalo, por favor,

que tu candor erija otros cimientos,

desinfecte las grietas,

sanee las alcobas

y conecte la luz en su interior.

Hazlo renacer o

demuélelo y relégalo al olvido,

pero te ruego: ¡sácalo de mí!;

enloquezco con la tortura de este amor en ruinas.

Se regala corazón. Por no poder atender.

Con este poema participo en el concurso de Zenda #poemasdeamor.

Menú del día

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MENÚ DEL DÍA

Cada día salgo de casa a la una del mediodía. Recorro la ciudad, contenedor tras contenedor. Al caer la noche vuelvo a mi hogar. Mi mujer y mi hijo me aguardan, expectantes por saber qué hay de cena. Si ha habido suerte, sobrará para la comida del día siguiente.

Miro a mi niño mientras devora unos trozos de filete y lo que se ha podido salvar de una pera pasada. Me pregunto qué pensará dentro de un tiempo, cuando se dé cuenta de que lo que come no son las sobras del restaurante en el que aún cree que trabajo. 

Adviento Literup 2018

advientoliterup

Las chicas de Literup organizaron una competición navideña de microrrelatos. Consistía en escribir uno al día, del 1 al 25 de diciembre, incluyendo la palabra indicada en el calendario y con el número de caracteres limitado. Me animé a participar en Twitter y he reunido aquí todas mis participaciones:

1. Siempre dije que reconocería su sonrisa en cualquier sitio, y lo hice a pesar de la oscuridad de aquel portal y de que le faltaran la mayoría de los dientes. Le pedí que viniera conmigo. Me miró y sus ojos no eran los mismos. No me reconoció. Seguir leyendo

Difícil decisión

difícil decisión

DIFÍCIL DECISIÓN

Una gota de sudor se desliza desde mi frente mientras observo el panel de mandos de la condenada máquina. No estoy seguro de haber elegido la opción adecuada, y un error podría ser funesto. Me palpitan las sienes y por encima del ruido del fuerte latido de mi corazón escucho, desde dentro de mi cabeza, a mi madre rogándome que no lo haga, que piense con la cabeza, sea un buen hijo y me quede a su lado. No le hice caso. Ni sus lágrimas me detuvieron; fui capaz de mirarla a los ojos y decirle que la decisión estaba tomada y nada me detendría.

Y ahora estoy aquí, indeciso, tembloroso, amedrentado. Quisiera dejar de ser un hombre de cuarenta y cinco años y volver a ser un niño y estar junto a ella, que me siente en su regazo, me abrace y me diga que todo ha sido una pesadilla y a su lado no me pasará nada malo. Pero ya no puedo volver atrás. Seguir leyendo

Vuelta al hogar

VUELTA AL HOGAR

Caminamos por la nieve hasta mi antigua casa, por primera vez me atrevo a acercarme. De pie frente a la puerta, ahora cerrada con una cadena, recuerdo aquella fatídica noche en que mi familia fue decapitada. Jon, mi novio, me pregunta si quiero entrar. Contesto que no con la cabeza y salgo corriendo. Piensa que tengo miedo y acierta, aunque no en la causa: no quiero que lo que me poseyó aquella noche lo vuelva a hacer estando con él.

Reto: 5 líneas de Adella Brac. Diciembre: cadena, primera y casa. Opcional: que aparezca un paisaje nevado.

Feliz y satírica Navidad

feliz y satírica Navidad

FELIZ Y SATÍRICA NAVIDAD

Me encanta la Navidad. Es mi momento preferido del año; una época mágica de la que disfruto hasta el más mínimo detalle. Llamadme fanática, pero me gustan incluso las compras de última hora: salir bajo las luces de colores con la bufanda hasta la nariz y la prisa en el cuerpo a perderme entre una marabunta estresada. Me ilusiona que la persona que me cobra lleve un gorro de papá Noel y me felicite las fiestas con una sonrisa.
Hoy ha sido un día de esos. Vuelvo a casa con siete bolsas, de las cuales, lo reconozco, cinco portan regalos para mí. En nada llegaré a mi precioso hogar, que por supuesto he decorado de acorde a las fechas en las que estamos: un árbol de Navidad en el salón, adornado con cintas y bolas doradas, rojas y plateadas perfectamente distribuidas; un belén de más de cien figuras que abarca a lo largo casi todo el pasillo, con su molino de agua en funcionamiento y luces que simulan el día y la noche; y espumillones de colores repartidos por todas las estancias. Sí, hasta en el baño.
Sonrío al divisar la secuencia de las luces enroscadas en la barandilla de mi balcón; sin duda las más llamativas de toda la fachada. Poco me dura la sonrisa… ya está el indigente al lado de mi portal. Joder, es que ¿no se puede ir a otro sitio en estos días, en vez de estar ahí sentado y estropear la bonita estampa navideña? Por dios, con lo violento que me resulta ignorarlo mientras paso a su lado, y abrir la puerta simulando que no me doy cuenta de que me observa entre las mantas raídas y los cartones mugrientos. Qué asco.
Entro en casa enfadada y enrabietada. Tiro las bolsas en una esquina, ni siquiera me apetece probarme mis adquisiciones del día. Maldito pordiosero, se ha cargado mi espíritu navideño.

Con este relato participo en el concurso de Zenda #cuentosdeNavidad.