Cómplices

ocaso

Solo el sol fue testigo del instante

en que prendió la mecha de mi esencia

liberó la compuerta sin prudencia

de emociones torrente incesante.

Nadie más vio el mirar centelleante

disputarle el ardor, cuánta insolencia

no era en verdad más que la impaciencia

de aquella que despierta a lo vibrante.

El temor me domina en el ocaso

¿si mi verdad se va con el ardiente?

¿si era no más una inquietud de paso?

Una ola me acaricia lentamente

sé que lo sabe, sé que no hay malcaso

pues el sol ha hecho al mar su confidente.

No duele

Luna Paniagua

A golpe de latido, rebrotó el corazón
(seguía tus certezas)
tenaz como raíz a través del asfalto
(guiado por tus hechos)
luchó, resquebrajó, restableció el camino
(buscaba tus verdades)
sin desgarros ni roces, afloró ileso, entero
(a tu cálido abrazo)
lo he entendido por fin, ahora sé que el amor
(tú me lo has enseñado)
no duele

Tos de perro, de Julia Otxoa

Julia Otxoa

Me niego a terminar Tos de perro, de Julia Otxoa. No quiero. No puedo. Cada vez que llego al penúltimo relato, Marzo, algo me impide seguir leyendo. Entonces vuelvo atrás, algunas veces hasta el comienzo, otras hasta cualquier punto intermedio. Y releo, una y otra vez, por primera vez.

No es solo ese autobloqueo lector selectivo, es que además no soy capaz de concentrarme en la lectura en cualquier momento. Es solo para ocasiones especiales; por ejemplo: los viajes. Autobús y Tos de perro ya son inseparables en mi imaginario. Exterior en movimiento, interior estático mientras yo viajo en el tiempo con mis sentidos lectores a toda máquina y una conclusión: nunca voy lo suficiente lejos. Seguir leyendo

Náufragos

Faro de Matxitxako

Náufragos de tierra
que atrae el faro sin luz
se desnudan las almas
enfrente de los árboles
desnudos de hojas
Imagen propia. Cabo Matxitxako (Bizkaia).

Un regalo

Mensegal BazClara llora debajo de la mesa de su habitación. Apoya la espalda en la pared y se abraza las rodillas contra el pecho. No mira los regalos desperdigados por el suelo.

Papá Noel le ha dejado en su casa un armario con ropa para las muñecas, una cámara de fotos y un libro; en la de los abuelos, un patinete y un vestido, y en la del tío Manu y la tía Celia, una tableta y un kit de tatuajes de unicornio. El resto aún no los ha podido abrir, pero le han mandado fotos: en casa de los yayos, tres paquetes, uno grande y dos medianos; y en la de la tía Inés, el tío Rober y el primo Jon, cuatro: uno mediano y tres pequeños.

Pero no le ha traído lo único que le pidió, en una carta que escribió muy despacito para que entendiera bien su letra y que ella solita echó al buzón:

«Querido Papá Noel:

Este año solo quiero pedirte una cosa: que podamos celebrar la Navidad con los abuelos, el tío Manu y la tía Celia, los yayos, la tía Inés, el tío Rober y el primo Jon».

La preciosa ilustración es de Mensegal Baz. Podéis ver más obras suyas en sus redes sociales: Instagram y Twitter.