Vértigo

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VÉRTIGO

A la menor oportunidad se escapaba por el balcón y subía al tejado. No fueron pocas las veces que lo encontré ahí sentado, sin atreverse a dar un paso. Me llamaba con voz quejosa y yo ponía la escalera, me acercaba hasta él y lo bajaba en brazos. Temblaba de miedo; sin embargo, después de un tiempo lo volvía a hacer.

Un día reunió el valor necesario para saltar. Es una casa de tres pisos; por suerte, los gatos siempre caen de pie.

Reto: 5 líneas de Adella Brac.   Julio: balcón, menor y sentado.

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Visita guiada

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VISITA GUIADA

Sigo los pasos del guía turístico y escucho atenta sus explicaciones. El templo de la Luna, así lo llaman ahora, aunque no ha sabido decirnos por qué. Expone las teorías de los historiadores con bastante acierto, excepto la de la muerte de su original moradora: no fue envenenada, sino empujada a un foso por su propio amante. Lo sé bien, porque soy yo. Nadie se ha dado cuenta de que mi rostro es el grabado en cada una de las estancias del templo; no me extraña, tampoco yo me reconozco al mirarme en el espejo tras cada reencarnación.

Microrrelato para el reto de escritura de julio «Escribir jugando» de el blog de Lídia.

Gol a la vida

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GOL A LA VIDA

No podría estar más orgullosa de ti. Te veo tocar el balón y tengo que coger aire para frenar un sollozo. Tu primera vez desde el accidente; la vida te metió un gol, pero tú, mi hermano pequeño, nunca das un partido por perdido hasta que suena el pitido final.

Estás tan concentrado. Me pregunto si sientes mi mirada sobre ti, en cada momento, en todas las jugadas. Incluso en las que no participas. No te imaginas el esfuerzo que estoy haciendo para no animarte a gritos. Seguir leyendo

El hombre afortunado

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EL HOMBRE AFORTUNADO

Llevaba un hacha en la mano derecha y un leño en la izquierda. Colgó la herramienta en su lugar y entró en la cocina. Miró la chimenea: el fuego había prendido bien, de momento no necesitaría más madera, así que dejó la que portaba en el suelo. Se sentó con la espalda hacia las llamas. Comenzó a comer el jamón y el queso que le esperaban en la mesa desde que llegó. De vez en cuando le daba un trago a la bota rellenada con vino tinto.

Miró por la ventana. La primavera estaba al caer, pronto templaría y podría hacer eso mismo en la mesa de fuera. Sonrió. Tenía sesenta y cinco años y acababa de jubilarse. A partir de entonces, esa sería su vida; se sentía, sin duda, un hombre con suerte.

Relato para el taller de escritura de Literautas de junio. Requisitos: que el relato lleve por título El hombre afortunado. Reto opcional: que comience con la frase: «Llevaba un hacha en la mano».

 

Cambio de vida

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CAMBIO DE VIDA

Recuerdo la primera vez que la vi, fue en el camino que lleva a Aránzazu. Se había apartado para dejar pasar a un coche. Entonces se giró y me miró, con esos ojos negros y profundos que aún hoy me tienen enamorado. Consiguió de mí lo que ninguna había logrado: compromiso y fidelidad. Perdí mi trabajo por dedicarme a ella en exclusiva, pero somos felices: estamos juntos, no nos falta de comer y ya hemos tenido nueve preciosos terneros.

Reto: 5 líneas de Adella Brac.   Junio: nueve, vez y camino.

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Hasta el infinito

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HASTA EL INFINITO

—Deberías ver las rozaduras de mis talones, los tengo en carne viva. Eso sí, ha merecido la pena: una ascensión dura, pero ¡qué vistas desde arriba! El Aneto es el monte más alto de Pirineos, ni más ni menos. Y los he subido más altos, hija, antes de que tú nacieras. Yo subí al Everest, ¿sabías eso, Mariana?

—Eres un campeón —respondió Carla, mientras miraba a los ojos velados de su abuelo y le apretaba la mano. Él sonrió y perdió la mirada en el horizonte, más allá de la verja del geriátrico.

Cosas de niños

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—No seas impaciente, que no siempre tiene que ser lo que tú quieres y cuando tú quieres. Qué niño este, no tiene remedio. Hala, ahora se pone a llorar. ¿Es que no puedes aguantar  ni un poco? ¿No ves que si dejo de remover se me pega el arroz con leche? Además, que la culpa es tuya, mira que os he dicho mil veces a tu hermano y a ti que no juguéis con la caja de herramientas. No grites. He dicho que esperes, y si no quieres esperar, te sacas tú solito el clavo de la frente.

Confesión

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CONFESIÓN

—Perdóneme, padre, porque he pecado —dijo Ana, y se santiguó.

—¿Qué ha ocurrido, hija?            

—Mi niño me contó que dos hombres abusaron de él. Ayer encontré a uno de ellos y le corté el miembro con las tijeras de podar. No me arrepiento y también se lo haré al otro.

—…

—¿Padre?

—…

Ana salió del confesionario. La puerta de la iglesia estaba abierta y entraba el sonido de unos pasos a la carrera, amplificado por el silencio de las calles oscuras.

Reto: 5 líneas de Adella Brac.   Mayo: calles, puerta y padre.

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El mes pasado conseguí la medalla de bronce. Ahora… ¡a por la de plata!

Crueles adultos

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CRUELES ADULTOS

Nos enviaban de una patada a las duras calles. No importaba que hubiéramos sido sus mejores amigos y su única compañía en las oscuras noches de fantasmas y monstruos. Ya eran mayores y no necesitaban un peluche. Tampoco les preocupaba cómo acabábamos: algunos en el vertedero, otros en pedazos tan pequeños que ni se adivinada qué eran. Los que menos eran recogidos por algún niño al que nunca habían comprado un juguete. Yo tuve la suerte de ser uno de esos. Pasé de sentirme el muñeco más desgraciado del mundo, al más amado. Porque quien te recoge de la basura y te da su cariño, te quiere de verdad.

Caprichos

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CAPRICHOS

Ya se las apañarían para pagar las facturas, deseaban tanto ese chalé… Así que comenzaron a meter horas extras. Luego quisieron poner una piscina climatizada, y cada uno de ellos buscó otro empleo para compatibilizar con el que ya tenía. Entonces se les antojó ese coche de alta gama; para permitírselo ampliaron la jornada en los nuevos trabajos.

Consiguieron lo que se propusieron. Si bien no tenían ni un momento para bañarse en la piscina, solo usaban el coche para ir de casa al trabajo, y el único tiempo que pasaban en el chalé eran las cuatro horas que les sobraban para dormir.