Andanzas nocturnas

mar en tempestad

Imagen de Fernando. Flickr

Los ronquidos de la abuela me recuerdan que estoy en casa de mis padres. Y luego dirá que no puede dormir por los dolores. Por si no fuera suficiente haber tenido que volver, además comparto mi antigua habitación con ella. Que yo la quiero mucho; pero antes me leía un cuento al acostarme y ahora me duermo oyendo sus oraciones y el sonido de las cuentas del rosario.

Enciendo la pantalla del móvil; pasan siete minutos de las tres de la mañana. Con cuidado me levanto y salgo de la habitación. Entro al baño y solo después de haber cerrado la puerta enciendo la luz. Me miro en el espejo. Hay algo raro en el reflejo; una especie de ondas desdibuja apenas mi imagen. Un presentimiento se adueña de mí y la tripa me cosquillea. Es una locura: presiento que un mundo fantástico me espera tras el espejo. Me acerco despacio, hasta que mi nariz casi roza el cristal. Cierro los ojos. A la de una, a la de dos, a la de tres. Con fuerza me lanzo hacia delante y… Seguir leyendo

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Ni lágrimas ni olvido

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Imagen de Indalecio Ojanguren

NI LÁGRIMAS NI OLVIDO

Ya sé lo que piensas: que lloro porque tengo miedo a la muerte, ¿a que sí? Es normal que te lo parezca, al fin y al cabo soy un viejo de 85 años que ya no puede ni levantarse de la cama para hacer sus necesidades. Pero no. No me asusta morir; al contrario, cuando el Señor decida llevarme a su lado, por fin mi conciencia se acallará. Bueno, el Señor o lo que sea, yo ya no sé ni qué creer. No me mires con esa cara, no son delirios de un viejo chocho. Si quieres, te cuento lo que me ocurre. ¿Sí? Muy bien, supongo que tienes tiempo. Espero tenerlo yo también… Sin embargo, antes de empezar, prométeme una cosa: que no te lo guardarás para ti solo. Haz que España lo sepa. No lo olvides. Seguir leyendo

Orreaga, 778

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ORREAGA, 778

Roncesvalles, 15 de agosto de 778.

Bihox permanecía quieto en el lugar que su padre le había indicado: agazapado tras un árbol. Era la primera vez que iba a tomar parte en un ataque. Aunque aún debía esperar a la siguiente siembra para ser considerado adulto, habían hecho una excepción con él y los de su tiempo, ya que necesitaban juntarse el mayor número de guerreros posible y, aún así, serían inferiores al enemigo.

Las cuerdas que ataban sus abarcas, desde el tobillo a la rodilla, le apretaban demasiado. Las piernas se le comenzaban a entumecer. El pelo, que le llegaba hasta los hombros, se le pegaba a la frente, empapada por el sudor, y le dificultaba la visión. Constantemente lo retiraba y lo metía por detrás de las orejas. Miró a su padre y a los otros dos hombres que veía desde su posición: no parecía que a ellos les molestara el cabello. Se fijó en que les goteaban las tupidas barbas; por lo menos, él no tenía ese problema, apenas habían comenzado a crecerle algunos pelos debajo de la nariz. Seguir leyendo

En busca del amor

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EN BUSCA DEL AMOR

Muy despacio levanta la cabeza. Tiene los ojos cerrados, pero sabe que está frente al espejo. La incertidumbre le apremia y el nerviosismo le paraliza. Retiene el aire y cuenta hasta tres: uno, dos… y tres. Abre los ojos. Espira con ímpetu. El mentón prominente, la cicatriz en el pómulo, la nariz torcida, los ojos pequeños y la frente demasiado amplia. Se deja caer hasta quedar sentado en el suelo y se golpea la cara con los puños. Tampoco esta vez ha funcionado. Experimentos, pócimas, ungüentos… nada consigue cambiarle el aspecto, así, ¿cómo impresionará a Margarita? Seguir leyendo

En el aire

en el aire

EN EL AIRE

No sé cuántas veces me han preguntado si me arrepiento. Bueno, sí lo sé, exactamente el mismo número de veces que he contestado que no. No me arrepiento, en absoluto. Ese pipiolo era un creído, un usurpador, un provocador, un mal que había que erradicar. Apareció con su donaire de los veinte apenas pasados, su metro ochenta y cinco y su sonrisa de estudiada despreocupación. La versión oficial era que estaba de prácticas; sin embargo, yo lo calé enseguida: quería quitarme el puesto de presentador. A mí, con lo que me había costado ponerme al frente del concurso. No iba a dejar que me desbancara, por supuesto que no. Seguir leyendo

El abuelo me tiene manía

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EL ABUELO ME TIENE MANÍA

—No vas a tocarla en tu vida, rapaz.

Esa es la respuesta que recibí de mi abuelo la primera vez que le pedí su bicicleta. Ocho palabras que desencadenaron las lágrimas del niño de cuatro años que yo era entonces.

—¡Padre! No le diga eso al niño. Mire qué disgusto le ha dado. —Mi madre me acarició la cabeza y yo me agarré a su pierna más fuerte de lo que nunca, años después, me agarraría a ninguna farola de vuelta a casa tras salir de fiesta. —Déjele, solo es una bicicleta.

—No es solo una bicicleta. —El abuelo achinó los ojos y movió el dedo índice de la mano derecha delante de la cara de mi madre—. Es mi compañera, juntos somos una máquina perfecta. No quiero que ningún mocoso la estropee. Seguir leyendo

Un sombrero nuevo para una nueva vida

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UN SOMBRERO NUEVO PARA UNA NUEVA VIDA

La tienda era más grande de lo que Eli siempre había pensado al verla desde fuera. Aunque le sorprendió aún más que allí solo vendieran sombreros. A pesar del cartel sobre el escaparate: «La sombrerería», estaba segura de que habría más productos; cestas de mimbre, corbatas, fulares… algo de eso. Le parecía increíble que la gente comprara tantos sombreros como para que alguien pudiera vivir de ello. Seguir leyendo

La cueva del Dragón

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LA CUEVA DEL DRAGÓN

—Recuérdame por qué he venido contigo… —Ángel apenas podía seguir el ritmo de su hermana.

—Porque eres mi hermano mayor y tienes la errónea idea de que no sé cuidar de mí misma y debes hacerlo tú.

—Sara, entrar en una cueva que lleva más de ochenta años cerrada y de la que nadie en el pueblo quiere contar nada no parece un acto de responsabilidad.

—No es que no quieran, es que no saben. —La joven encendió la linterna frontal y Ángel la imitó. En breve se adentrarían lo suficiente como para que no entrara luz del exterior—. No queda nadie vivo de cuando la cerraron.

—¿Cómo que no? ¿Y el abuelo?

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En blanco

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EN BLANCO

Jon salió de su despacho. Miraba al suelo y se frotaba la frente con una mano. Con la otra cerró la puerta y se apoyó en ella. Ali, su mujer, se acercó y le acarició el hombro. Él levantó la cabeza y dejó expuestos unos ojos rojos y apagados, unas profundas ojeras y unas cuantas arrugas más que una semana antes.

—Ven a la cocina conmigo, he preparado té con limón —le dijo Ali con suavidad.

Jon giró la cabeza de lado a lado. No parecía sentir el roce de la mano de su mujer ni el cariño de su voz.

—¿Por qué me pasa esto ahora? ¿Por qué? —Una angustia apenas contenida desafinaba sus palabras.

—No te martirices más. Es algo normal. Has tenido suerte de que hasta ahora no te haya ocurrido. Piensa en otra cosa y verás como enseguida superas esta mala racha. Seguir leyendo

El ligue

Con este relato he ganado el Concurso Marzo 2018 de Paula de Grei, y me he llevado —ni más ni menos— que el poemario de María Eugenia Hernández Grande (MaruSpleen), Spleen Spleen (Seis años y quizás un día).

Podéis leer todos los relatos que han participado aquí.

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EL LIGUE

—Es una maravilla, ¿verdad?

Miré hacia la voz que me había sacado de mi ensimismamiento. Me encontré con unos ojos azules impresionantes, rodeados de un rostro de adonis. Mi cerebro pensaba algo inteligente que contestar, pero mi boca fue más rápida: Seguir leyendo