Solo una vez

hare-1253467__340

No paró de correr desde el hospital hasta su casa. Recorrió en cinco minutos el camino para el que en condiciones normales hubiera necesitado casi veinte. Los cristales de los escaparates apenas tenían tiempo para reflejar el paso de un hombre bajo, de pelo rubio y corto, rollizo y vestido con traje gris y camisa.

Entró en su casa y cerró la puerta de un empujón, se sentó en el sofá y miró durante varios minutos la televisión apagada. No recordaba demasiado de la conversación que acababa de mantener con el médico, pero había tres palabras que no le abandonaban: VIH, positivo y SIDA.

Seguir leyendo

Anuncios

Concatenación

matrioska-1631194__340

CONCATENACIÓN

—¡Empuja, cariño! ¡Empuja!

—¡No puedo!

—¡Claro que sí! Lo estás haciendo muy bien…

Leroy apretaba la mano de su mujer y le acariciaba el pelo, mojado por el sudor del esfuerzo. Susan estaba tumbada en la camilla del paritorio, con las piernas abiertas y los pies apoyados en sendos estribos. Cogía y echaba aire con rapidez, incapaz de respirar como le enseñaron en las clases de preparación al parto.

Seguir leyendo

Alerta submarina

diving-1656465__340

ALERTA SUBMARINA

Un día de finales de julio, en el fondo del mar cerca de la isla de Tabarca se oye una canción…

—…para que bailes en esta fiesta, bajo el maaaaaaar… —Estrella hace una reverencia y todo el público rompe a gritar y aplaudir. Bueno, aplaudir, lo que se dice aplaudir, solo Pulpo y Langosta. Los demás hacen lo que pueden: Mero, Barracuda, Salmonete y Gobio mueven las aletas con rapidez; Nudibranquio agita las branquias y Morena abre y cierra la boca.

Seguir leyendo

Entre los árboles

heart-1788493__340

La conocí un verano; el mejor de mi vida. Yo era joven y trabajaba de ayudante del guarda, Manu, en una casa rural de alto standing. No era un trabajo duro pero sí muy aburrido. Permanecíamos en la puerta saludando a los huéspedes que entraban y salían y cuatro veces al día inspeccionábamos los alrededores: una extensa pradera y un pequeño bosque. Un paseo que, dada la monotonía cotidiana, mi cuerpo agradecía.

Nunca olvidaré el momento en que la vi salir del coche, uno de esos bajos y de color rojo brillante. La acompañaban un hombre muy alto y una mujer no tan alta, pero que andaba muy estirada, como si quisiera serlo.

Seguir leyendo

Más allá de la tristeza

dandelion-2247625__340

MÁS ALLÁ DE LA TRISTEZA

Que mi hermana muriera fue lo peor que me había pasado en la vida. Con diferencia. Naiara era mi gemela, siempre habíamos estado juntas. Nos crearon a la vez y nacimos con apenas cinco minutos de diferencia. En el colegio y en el instituto nos pusieron en clases diferentes, pero nos juntábamos en el recreo. Incluso elegimos la misma carrera de universidad, que debíamos empezar el próximo septiembre.

Seguir leyendo

Dos segundos

Comparto mi segunda colaboración con Letras & Poesía – Literatura independiente. ¡Espero que os guste!

woman-591576__340

DOS SEGUNDOS

Se levantó con lentitud del sofá, fue hasta el armario y rebuscó entre su ropa. Encontró una falda larga y un jersey negros y se vistió. Frente al espejo, con semblante serio, peinó su escasa melena plateada. Suspiró. En media hora tenía que estar en la iglesia, debía enterrar a su marido. Una sonrisa iluminó su rostro. Te he ganado, mala bestia, pensó. Estaba sola en casa pero la costumbre le impidió decirlo en voz alta. La costumbre de callar y obedecer, de recibir y callar. Hacía mucho tiempo que sus pensamientos y opiniones se los guardaba para ella sola.

Seguir leyendo

Epona

Comparto para los que no la hayáis leído —o sí pero os apetece volver a leerla, que todo puede ser— mi primera entrada en Letras & Poesía

Iagoba 20170713_001608

EPONA

—Cuando me muera, quiero que tiréis mis cenizas en el monte Epona, al lado de la ermita. Allí quedará mi alma para siempre. ¿Vendrás a visitarme, verdad?

—Claro que sí, abuelo.

No sé cuántas veces le oí decir eso. A mi madre no le hacía ninguna gracia, decía que vaya perra tenía con ese sitio; estaba a 400 kilómetros de la ciudad y había que subir andando. Y que además, allá arriba no había más que un aire horrible, una iglesia abandonada y caballos. «Bueno mamá» contestaba yo, «si es su voluntad habrá que cumplirla». Sin embargo, cuando llegó el momento, un viaje de trabajo me impidió acompañarles.

Seguir leyendo