ELIGE EL ROJO

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ELIGE EL ROJO

Santi metió la llave en la cerradura, giró y empujó la puerta. Habrían pasado unos diez años desde la última vez que lo hizo. Hasta ahora se limitaba a tocar el timbre del portal, y para cuando llegaba al descansillo su madre le estaba esperando con una gran sonrisa. Le daba un beso, entraba hasta el salón y saludaba a su padre, quien con independencia del programa que echaran estaba sentado en el sofá viendo la televisión.

Ya no había nadie; el familiar olor penetró por sus fosas nasales y le llegó hasta el corazón, clavándose en él con dolor. Dos semanas antes la muerte le había arrebatado a sus padres por medio de un accidente de tráfico. No era justo. Deberían haber tenido más tiempo, su padre se acababa de jubilar e iban a viajar a Tenerife en verano para celebrarlo.

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